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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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ALAVÉS

Situada en el corazón del monte soriano, Covaleda ejerció de remanso de paz en la primera jornada de exilio albiazul
05.08.08 -

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Lejos del mundanal ruido
El cuerpo técnico se afanó en realizar una sesión de desentumecimiento a la llegada de los jugadores. / ALFAQUI
Hay que hacer un auténtico esfuerzo para imaginar un primer día de fiestas de La Blanca tan plácido y tranquilo como el que vivió ayer el Alavés en su primera jornada de concentración. Si se eligió el exilio de Covaleda como lugar de tranquilidad y de buenas condiciones para trabaja, se dio en el clavo. La pequeña localidad situada en el corazón de la provincia de Soria, en las faldas de la sierra de Urbión es un auténtico remanso de paz, a años luz del mundanal ruido. Y para ser exactos, a poco más de 200 kilómetros del delirio festivo que desde ayer ha tomado la capital alavesa.
Dos horas antes de que Celedón planeara sobre la plaza de la Virgen Blanca, el 'convoy' alavesista partía del aparcamiento de Mendizorroza en dirección al enclave soriano. 24 jugadores -incluido Iban Fagoaga, el último fichaje- y 8 personas más entre técnicos, cuerpo médico y responsables de material. Un autobús y una furgoneta repleta de material deportivo. Y dado el estado de la carretera, el tráfico y la sinuosidad de algunos tramos, el viaje se alargó más de lo previsto por los miembros de la expedición. Una hora y media de tránsito era el cálculo más optimista. Al final, el trayecto hasta las dos horas y cuarenta minutos. Vamos, que el Chupinazo le pilló al Alavés al poco de pasar Burgos.
Familiar
Ya en su parada final, el contingente albiazul conoció su lugar de reposo; el hotel Pinares de Urbión. Se trata de un edificio de cinco alturas, de estilo rústico, funcional y austero, pero con todas las comodidades. Su ambiente rezuma fútbol. En la recepción cuelgan banderines del Athletic y del Logroñés, recientes visitantes ilustres, aunque el póster del símbolo balompédico de la provincia -el Numancia- lo preside todo. Un trato familiar y máxima dedicación a los nuevos inquilinos.
Nada más poner pie a tierra, el trabajo comenzó de inmediato en el exilio soriano del Alavés. Paseo desde el hotel para jugadores y técnicos hasta las afueras de Covaleda. Más de un kilómetro de trayecto andando para acceder a la zona de entrenamiento elegida. En la primera jornada, nadie toca un solo balón. Después de casi tres horas de autobús, nada mejor que una buena carrera por el monte. Breve sesión de estiramientos para desentumecer los músculos y carrera continua a través de una de las rutas transitadas habitualmente por excursionistas y urbanitas ávidos de desconectar de la ciudad.
Junto al Duero
Los jugadores albiazules corren, por momentos, paralelos a la orilla del Duero para después retornar al punto de partida, cercano a la que, desde hoy, será su 'oficina'; el campo de 'El Lomo'. Hablamos de un campo de fútbol con primoroso piso de hierba natural que sorprende al visitante despistado en pleno monte. Algo tendrá si aquí han pasado parte de su pretemporada equipos como el Real Madrid. Mientras, en el hotel los pasillos se pueblan de pares de botas de futbol, apostados en la puerta de cada habitación. Entre calles vacías, tres críos ven el autobús albiazul y gritan '¡Aúpa Alavés!'. La localidad soriana de Covaleda ya es un poco albiazul.
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