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Cultura

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En septiembre de 1990, el diario 'Komsomólskaya Pravda' publicó 'Cómo reconstruir Rusia', un manifiesto en el que Alexánder Isáevich Solzhenitsin expone su idea sobre la «regeneración moral» del país. Propugna un sistema democrático, pero no con arreglo al modelo parlamentario que se estila en Occidente, sino sobre la base de asambleas locales.
El difunto escritor era también partidario de la creación de un gran país eslavo con Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Consideraba necesario proteger a los rusos presentes en otras repúblicas ex-soviéticas «de la arbitrariedad y la discriminación». Defendía, no obstante, la coexistencia pacífica entre todos los grupos étnicos y denostaba el laicismo.
El escritor fue un gran crítico del desaparecido presidente Borís Yeltsin. «En Rusia no hay democracia», dijo nada más llegar a Moscú, desatando una fuerte polémica. Pese a que Yeltsin le había elogiado y expresado su intención de recibirlo en el Kremlin, Solzhenitsin se refirió con sorna al sistema político diseñado por el presidente ruso al comentar que «los juegos de los partidos políticos no son democracia» y que «el pueblo no es material para campañas electorales».
También en su obra 'Rusia colapsada' (1998), Solzhenitsin criticó los excesos oligárquicos de la nueva democracia rusa.
La Academia Sueca de la Lengua recordó ayer al hombre al que otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1970 como uno de los más importantes autores de la segunda mitad del siglo XX y destacó su «confrontación intelectual con el comunismo».
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