Cuando en 2001 entró en la Organización Mundial del Comercio, muchos se frotaron las manos. China se abría al mundo para poder también penetrar en él. Sin embargo, desde entonces no han faltado críticas a lo opaco del sistema del gigante asiático, que trata de combinar una economía de mercado con la planificación política de sectores clave. Es el 'comunismo de características chinas', que tantos quebraderos de cabeza da a las empresas extranjeras. La gran mayoría denuncia la desventaja con la que compiten contra las firmas locales, a pesar de que hace ya un año que se aprobó la Ley Antimonopolio del país, quince años después de que se propuso. Eso sí, hasta el pasado viernes, nadie se había encargado de aplicarla.
Muchos tienen ahora razones para sonreír, que no para lanzar cohetes. El Gobierno ha creado la Comisión Antimonopolio, que dependerá directamente del Consejo de Estado, y que estará encargada de velar por el estado del mercado interno, asesorar al Gobierno en materias empresariales y, lo que es más importante, coordinar a las fuerzas del orden para que sean sancionados quienes rompan la norma. Según la comisaria de la competencia de la Unión Europea, Neelie Kroes, «se trata de un magnífico paso adelante en el desarrollo económico de China, que dotará de mayor transparencia al sistema en general, y creará un escenario empresarial mucho más equitativo porque eliminará barreras discriminatorias».
¿Política o economía?
Pero hay quienes no se creen una sola palabra. «Será muy difícil ver resultados a corto y medio plazo, porque no hay que olvidar que el primero que no cumple las reglas es el propio Gobierno chino, a través de sus monopolios en sectores como los de las comunicaciones o la energía», comenta a EL CORREO un industrial vasco que prefiere mantener el anonimato. A pesar de la desconfianza, está de acuerdo en que «se trata de un paso más político que económico que reafirma la intención de China de seguir en su camino hacia el capitalismo».
Según el rotativo 'Shanghai Securities News', la fusión de las dos multinacionales mineras BHP Billiton y Rio Tinto será la primera que, para poder operar en China, necesite la aprobación de la recién nacida comisión. El nuevo órgano tendrá que tener en cuenta que, juntas, controlarían un tercio de todo el hierro que se produce en el mundo. En declaraciones de ayer al diario oficial 'China Daily', el vicepresidente de la Asociación China del Hierro y el Acero dio la bienvenida a la comisión y, en un inusual consejo al nuevo estamento gubernamental, criticó la posible fusión recordando que «es necesario oponerse a las tendencias monopolísticas, ya que tienen un impacto muy negativo en los consumidores».
La hoz y el martillo
Son justo esas palabras las que llevan a la mayoría de negocios extranjeros de China a la preocupación: la comisión podría ser utiliza para interferir en decisiones internacionales y resultar inoperativa en lo que a compañías chinas se refiere.
China hace tiempo que aparcó para siempre palabras como 'camarada' o 'comuna' e hizo suyas 'consumidores', 'competencia', 'mercado de valores' o 'globalización'. Pero símbolos como la hoz y el martillo todavía presiden órganos de gobierno que llevan por título 'Asamblea del Pueblo' y similares, lo cual lleva a la gran pregunta que se hacen tanto chinos como extranjeros: ¿cuánto tiempo seguirá manteniéndose el Partido Comunista al frente de un país que abraza el hipercapitalismo?