Donde usted o yo podemos ver simples trozos de tubería, botellas inservibles o latas oxidadas, ellos aprecian toda una gama de posibilidades musicales y en su mente esbozan un auténtico concierto. Un recital como el que ayer ofreció el grupo Turukutupa por el centro de la ciudad y con el que, en un ambiente totalmente festivo, invitó a moverse y bailar a los viandantes, desde la plaza del Arca hasta la de Correos sin olvidar la plaza de la Virgen Blanca.
Qué mejor forma para introducirse de lleno en los inminentes jolgorios que hacerlo al ritmo percusionista desplegado por Víctor García de la Torre, Bernabé Tebar, Periko Ráez y Sergio López de Landatxe. Cuatro músicos que durante una hora ejercieron también de actores para dar vida a un cuarteto de simpáticos y llamativos personajes, los protagonistas del montaje itinerante 'Rezikletas'.
El encargado de la escenografía, Carlos P. Donoso, «construyó unos carros de aluminio a los que les acoplamos las bicis. Las ruedas eran recicladas, al estilo de una chatarrería ambulante y sonora», detalló uno de los creadores del espectáculo, Víctor García de la Torre.
Latonio y Cromatof
Los miembros de Turukutupa idearon cada aparato de forma diferente, y lo adecuaron a la estética de cada uno de los personajes. Por ejemplo, uno de ellos lucía fabricado totalmente con metales -latas, tubos, chapas... De ahí que el nombre de su conductor fuera 'Latonio'. Muy apropiado. 'Aviardo', a bordo de un extravagante vehículo con reminiscencias de una avioneta de la I Guerra Mundial, le daba la réplica con entusiasmo, secundado por 'Cromatof' -fabricado con los colores básicos de la basura- y 'Dinosaurio', que mostraba con orgullo sus antiguallas.
Una atractiva puesta en escena que ha requerido meses de bucear en chatarrerías, basuras, camarotes y fábricas de todo tipo. A esa búsqueda le siguió un proceso de bricolaje que permitiera buscar los sonidos adecuados para complementar la música. Y el broche final, la fusión de distintas culturas musicales: tradicionales, contemporáneas y vanguardistas que buscan la integración del espectador con el entorno físico.
Un trabajo nada sencillo, como prueba el hecho de que los componentes de Turukutupa llevan practicando desde diciembre del año pasado. «No son campanas o tambores, es un sonido más agreste, más duro. Al tratarse de objetos rígidos, las manos sufren más, y es complicado sacar sonidos y los diferentes timbres entre los cuatro», recalcó García de la Torre.
Pese a sus nervios iniciales, el resultado pasó la prueba de fuego con nota alta y a partir de septiembre viajará a diferentes ferias del País Vasco.