Encontrar un hueco en una residencia de estudiantes concertada con la UPV -las 'públicas'- es una misión imposible para muchos universitarios. Están completas. Cerca de medio millar de alumnos se quedarán sin plaza cuando se publiquen mañana las listas definitivas de admitidos. Sólo aquellos con notas medias superiores al 7 tienen alguna oportunidad de hacerse con una habitación para el próximo curso, porque en las residencias vascas, como en algunas facultades, hay 'numeros clausus'.
En Bilbao, el colegio mayor Miguel de Unamuno ha recibido 346 solicitudes para sus apenas 85 plazas libres -los estudiantes que residían ya el curso anterior renuevan automáticamente-. En Vitoria, sólo 98 jóvenes han sido admitidos de entre las más de 200 peticiones cursadas y unos 70 pasarán a engrosar la lista de espera, con la esperanza de que una baja o una negativa a ocupar una habitación compartida les deje hueco libre. Aunque la residencia guipuzcoana Manuel Agud Querol no ha ofrecido datos oficiales, las primeras estimaciones apuntan también que sus 300 plazas se quedarán cortas.
La alternativa para estos estudiantes que no lograrán una habitación en un centro público es alojarse en un piso compartido o acudir a alguna de las residencias privadas de la comunidad, cuyos precios no difieren demasiado de las públicas: Si una concertada cuesta 700 euros mensuales en régimen de pensión completa, una privada -como la de Jesuitas de la Universidad de Deusto, en Vizcaya- ronda los 800.
El orden de preferencia para lograr una plaza en una residencia concertada lo marcan las notas del bachillerato y la selectividad, el nivel de renta y, en algunos casos, del hecho de ser estudiante extranjero beneficiado por la beca europea Erasmus o estudiar un curso de postgrado. En el campus de Álava, la nota de corte impuesta para el próximo curso es de 7. En este caso, tienen acceso directo los estudiantes extranjeros de Erasmus y los de renta inferior a 12.000 euros anuales.
Los que quieran acceder a alguna residencia del campus de Vizcaya se encontrarán con que, salvo un acuerdo para estudiantes americanos en el colegio mayor Miguel de Unamuno, ser extranjero no otorga privilegios. En Guipúzcoa tampoco, pero los que ingresen menos de 24.000 euros al año y los estudiantes de la UPV tienen prioridad sobre el resto. Los demás se someten a un proceso de selección donde se van llenando cuotas por cursos y según su nota.
Buscar piso
Berta Hernando es una estudiante riojana de 19 años que cursará Educación Social en la UPV a partir de octubre. Se ha quedado sin plaza. Lleva unos días buscando piso por Bilbao. Miró primero las residencias. En concreto Blas de Otero, en la capital vizcaína, pero le pareció «demasiado cara». «Te sale más rentable un piso porque pagas lo mismo, pero al menos no compartes la habitación», dice. Los precios de los pisos de estudiantes fluctúan por zonas. En el centro de Bilbao (Abando e Indautxu), el coste oscila entre los 300 y los 350 euros por habitación. Es necesario alejarse un poco, hacia el barrio de San Ignacio, para pagar unos 230 euros. «Pero la gente se aprovecha mucho», lamenta la estudiante riojana. «Apalabran un piso contigo y luego se lo dan a otro o te suben el alquiler sin motivo». Estudiar fuera de casa sale «muy caro», se lamenta.
La misma queja lanza Juan Negrete, presidente de la Asociación Unigasto (juanbanegrete@hotmail.com), que aglutina a padres de estudiantes universitarios obligados a hacer fuertes desembolsos al mes. «Los precios de las residencias vascas son muy elevados, más que en el resto de España», dice. Por ejemplo, en Aragón una habitación con pensión completa ronda en torno a los 450 o 500 euros al mes. En Euskadi, la única que tiene esta modalidad es Miguel de Unamuno. Cuesta al mes 700 euros. En las demás, el estudiante tiene que comprarse por su cuenta la comida y aun así el precio difícilmente baja de los 350 euros.
En Bilbao, la residencia concertada con la UPV Blas de Otero cobra 458 euros al mes por una habitación sencilla y 381 compartiendo una doble. Aparte ocupar su cuarto, el estudiante tiene derecho a utilizar las salas de televisión, informática y estudio. Desde la lavandería al servicio de habitaciones o el parking son de pago.
Tipo 'suite'
En San Sebastián, la residencia Manuel Agud Querol maneja precios parecidos e, incluso se permite ofrecer algunos lujos: dispone de una habitación 'tipo suite', que cuesta 603 euros al mes. No obstante, el precio medio ronda los 350 euros por cuartos individuales o dobles con cocina. El coste de los servicios se cobra también aparte. Sólo en Vitoria la residencia Tomás Alfaro Fournier oferta una habitación doble para todo el curso por 272 euros y una individual con cocina por 342. En este caso, los servicios considerados extras también se pagan aparte.
Todos estos equipamientos, salvo el colegio mayor Miguel Unamuno, pertenecen al Grupo Resa, una red de residencias universitarias españolas que engloba a 22 centros y que impone como criterio empresarial el cobro de todos los servicios complementarios. Están gestionadas por Siresa, una sociedad patrimonial que construye y administra las residencias una vez conseguido el permiso de la Universidad y el ayuntamiento de turno.