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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

POLÍTICA

ETA bautizó con el nombre del personaje mitológico vasco el sistema para que los artefactos estallen al contacto con la luz
01.08.08 -

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'Tártalo', el personaje de la mitología vasca de un solo ojo equivalente al cíclope griego, es el nombre con el que ETA ha bautizado la bomba trampa que se activa al contacto con la luz, mediante células fotoeléctricas (LDR) como la hallada en uno de los zulos del 'complejo Vizcaya'. Documentos incautados a la organización terrorista hace unos meses y conocidos ahora explican la forma de preparar el explosivo, diseñado para «engañar y atrapar a los artificieros», según las indicaciones de la banda.
«Queremos hacer pensar que el artefacto ha fallado, 'desactivar' el temporizador que hay en el exterior y a ver si abren la olla. Si la abren el petardo estallará, y si no se fían también estallará, activado por el reloj que hay dentro, una vez haya transcurrido el tiempo que nosotros hayamos decidido», detallan los papeles intervenidos.
Las explicaciones enviadas a los comandos recomiendan utilizar un temporizador «que parezca estropeado para dar confianza a los 'txakurras' (policías)». Ese mecanismo debe estar a la vista y conectado a cables que penetran en la olla con explosivos, pero sin conexión real con la carga. El verdadero iniciador de la bomba es 'Tártalo', la célula fotoeléctrica oculta dentro del contenedor, que provoca la explosión cuando los artificieros abren la tapa para neutralizar el artefacto.
La dirección etarra recomienda además colocar la bomba en una ventana alta para dificultar el trabajo de los desactivadores, como hicieron el pasado 23 de febrero en un repetidor del monte Arnotegi de Bilbao. El artefacto estalló cuando el robot lo bajaba al suelo.
ETA ya ha utilizado otras veces este tipo de mecanismos en sus bombas, como la que envió camuflada en un paquete de puros al periodista Carlos Herrera el 27 de marzo de 2000. En aquella ocasión el artefacto no llegó a activarse, pero sí en otras, y con efectos mortales. Un explosivo de estas características costó la vida a dos artificieros en Madrid, el 12 de junio de 1991, y a un agente de la Guardia Civil en la localidad barcelonesa de Llisá de Munt el 18 de marzo de 1992.
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