Hoy para abrir boca les propongo un gazpachito fresco de verano, elaborado con el picadillo de todas esas noticias que se van quedando por ahí sin encontrar recipiente. La primera (en la frente) es sobre Jaime Martínez Bordíu.
En el capitulo anterior, habíamos dejado a Jaime en un deplorable estado, producto de sus excesos y adicciones, pero con un sentimiento de culpa el hombre, un arrepentimiento y un propósito de la enmienda que ya lo hubiéramos querido muchos para su difunto abuelo. Jaime ha decidido dejar la cocaína antes de que la cocaína le deje a él en estado catatónico (o aún peor: muerto). Se lo ha contado a la prensa, se lo ha contado a la tele... El público ha quedado plenamente satisfecho con el conmovedor testimonio, y convencido de su buena fe y afán de recuperación. Ahora ya sólo falta que el interesado se lo cuente también a sí mismo y se convenza de verdad de que volver a recaer no procede.
Lo malo es que Jaime es un hombre hipersensible (¿a quién habrá salido, con la familia que tiene?) y cualquier contratiempo emocional le hace venirse abajo y ponerse de nuevo en peligro. La última 'banderilla negra' la recibió de su ex mujer, Nuria March, que se negaba a que Jaime pasara las vacaciones con su hijo.
Ahí nos habíamos quedado. Pero resulta que ahora la cosa puede haber dado un importante giro. Y para bien, porque el pasado sábado, mientras un grupo de periodistas seguíamos una regata, nos llegó la feliz noticia de que Nuria March se encaminaba a esas horas, con una tarta en una mano y su hijo, Jaime, en la otra, hacia el domicilio de su ex marido, dispuesta a celebrar el santo de los dos en amor y compañía.
Ojalá el detalle haya servido para devolver a Jaime la estabilidad necesaria... Lo cual me conduce directamente a otra que tampoco gana para recaídas: Amy Winehouse. Es tal la afición a enfermar de esta chica que empiezo a sospechar que lo que de verdad pretende es lo que siempre ha perseguido a grandes zancadas (cojo y todo como está) Humberto Janeiro: que le den la absoluta.
Tengo un buen amigo que dice que, en esta vida, no merece la pena «trabajar como negro para vivir como gris». Y esto el padre de Jesulín, que por cierto ya ha logrado la absoluta, lo tiene clarísimo. Lo malo es que huyendo del negro y del gris, ha dado pie a que el marrón se lo comiera siempre otro (generalmente su hijo, y en una plaza de toros).
Ahora Humberto amenaza una vez más con casarse y, muy dolido, señala a los que le acusan de hacerse el cojo. Yo, francamente, no sé quién osará dudar de la cojera de este señor. Pero si de verdad fuera cierto que durante todos estos años ha estado fingiendo semejante desnivel, creo que en ese caso merece la absoluta, un premio Max de teatro y una condecoración al mérito civil, porque realmente ha sido mucho mayor la penitencia que el pecado.