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Política

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ETA perseguía una masacre de ertzainas en Getxo con una emboscada el 31 de julio
Arkaitz Goikoetxea, esposado, desciende del helicóptero en Ezcaray para conducir a los agentes a los zulos. / EFE
ETA buscaba una masacre de er- tzainas en Getxo la próxima semana. Era el atentado «fuerte» que la banda pretendía cometer el día 31, festividad de San Ignacio -patrón de Vizcaya y Guipúzcoa- y fiestas del barrio getxotarra de Algorta. Los interrogatorios de la Guardia Civil a Arkaitz Goikoetxea y los otros miembros del 'complejo Vizcaya' han destapado sus macabros planes. El objetivo de la emboscada que preparaba este comando era un furgón de la Ertzaintza de los que se encargarían de proteger la carrera ciclista profesional que se celebra ese mismo día por toda la localidad y que concluye a escasos metros del Puerto Viejo, donde querían colocar un artefacto de grandes dimensiones.
Para garantizarse el éxito, el talde, que se iba a desplazar desde Francia, tenía pensado colocar un señuelo con el que atraer a los agentes y provocar el máximo daño posible, según ha podido saber EL CORREO. La elección del lugar, junto a la previsible avalancha de público, aseguraban el caos y la conmoción. El atentado del Puerto Viejo no era el único que el grupo desarticulado esta semana deseaba realizar contra la Ertzaintza. En su punto de mira también estaban, según fuentes de la investigación, las oficinas de atención al ciudadano que este cuerpo dispone en Santurtzi y Portugalete. Son pequeñas dependencias atendidas por dos o tres agentes para tramitar denuncias.
La fijación de los terroristas con la Policía autónoma ha sido una constante desde que la banda diera por roto el alto el fuego permanente. ETA ha calificado a este cuerpo como «enemigo del pueblo» en varios de sus recientes comunicados. El propio Departamento de Interior del Gobierno vasco admitió ayer saberse «objetivo prioritario» de la banda. No es, de hecho, la primera ocasión en que los terroristas buscan un gran atentado contra la Policía autónoma. El pasado mes de noviembre el propio 'complejo Vizcaya' ya preparó una trampa a los agentes al colocar un artefacto en los juzgados de Getxo y dejar otro en una papelera para que se activara en cuanto llegaran los artificieros. Un fallo del dispositivo impidió que la segunda bomba estallara, aunque permaneció varias horas oculta hasta que fue hallada y desactivada.
Sí habían logrado su objetivo dos meses antes cuando el propio Arkaitz Goikoetxea, acompañado del huido Jurdan Martitegi, colocó un artefacto de pequeñas dimensiones en la comisaría de Zarautz. Los terroristas no dudaron en saltar la valla de la sede policial para colocar el artefacto lo más cerca posible y causar heridos. La explosión provocó graves daños en el edificio. Este mismo año, en febrero, ETA intentó sin éxito una emboscada similar a la que perseguía para Algorta al dejar dos bombas junto a un repetidor del monte Arnotegi, en Bilbao.
En la memoria de muchos agentes permanecen aún presentes otros dos planes terroristas para matar a miembros de la Policía autónoma. Uno de los que más cerca estuvo de causar bajas se registró en el barrio de Zamakola, en la capital vizcaína. Un comando colocó un coche bomba con 30 kilos de dinamita titadine para reventar un furgón de la Ertzaintza. Uno de los miembros de la patrulla sospechó de las placas falsas del vehículo utilizado por los activistas y puso en marcha el inhibidor de frecuencias. Eso les salvó la vida. Los terroristas planearían al año siguiente atacar a una dotación de la Brigada Móvil que acudía los días de partido al estadio de fútbol de Anoeta, en San Sebastián. Aunque la intención de la banda no se conoció hasta 2005, la idea era controlar el recorrido del furgón desde el Palacio Miramar o desde el monte Igeldo y explosionar el artefacto en las inmediaciones de la playa de Ondarreta.
Fue el propio Departamento vasco de Interior, a través de una nota de prensa, la que corroboró ayer los macabros propósitos de ETA para la festividad de San Ignacio. La consejería advirtió de que la Ertzaintza «ha sido consciente desde el primer momento de que podía ser uno de los objetivos» del 'complejo Vizcaya' y que ha prevenido de ello a todos los integrantes de la comisaría de Getxo.
Críticas de Erne
El área que dirige Javier Balza quiso, no obstante, restar trascendencia a los planes etarras y tranquilizar a los agentes. Aseguró que cuenta con las «mejores» medidas de autoprotección de las policías europeas y que «se va a seguir tratando de poner todas las trabas a los ataques terroristas». Tras reiterar que la Ertzaintza es la «policía del pueblo», advirtió de que «es buen momento para que todos los partidos políticos vuelvan a mostrar su apoyo» a este cuerpo.
La nota de prensa de Interior tropezó de inmediato con la respuesta del sindicato mayoritario, Erne. Además de mostrar su «más firme condena y absoluto rechazo» a los planes de la banda y solicitar a la sociedad vasca «una respuesta cívica inequívoca contra esta lacra», la central denunció el «hartazgo» de los ertzainas que, según afirmó, están «obligados a asumir el papel de víctima e inoperancia» que les han asignado los «responsables políticos». Erne exigió que la Ertzaintza lleve «la iniciativa en el control de la violencia y no quedarnos a la expectativa».
La desarticulación del 'complejo Vizcaya' está aportando abundante información a las fuerzas de seguridad que, entre los datos obtenidos hasta el momento, ha localizado tres zulos, dos pisos francos y ha desvelado algunos de los objetivos del talde. Entre éstos, se encontraba el asesinato del juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska, y el secuestro y asesinato, como ETA hizo con Miguel Ángel Blanco, del concejal de Eibar Benjamín Atutxa. El edil socialista, profesor de profesión, reconoció ayer que hace años había dado clases al propio Blanco y que en su juventud, en plena dictadura, estuvo cerca de organizaciones vinculadas a ETA.
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