«Estaba borracho y no era la primera vez que acudía en estado de embriaguez, ya había molestado antes a varios clientes y se le había advertido de que no se le dejaría pasar». El propietario del pub La Catedral, situado en la Avenida de Gasteiz, justifica así lo ocurrido el pasado mes de junio, cuando el personal de seguridad del local impidió la entrada a un joven magrebí.
El cliente, molesto, recurrió al Defensor del Vecino, Javier Otaola, quien tras conocer lo ocurrido, y en una decisión sin precedentes, remitió los hechos a la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Vitoria al considerar que se trataba de un caso de discriminación por motivo de raza. El Ministerio Público admitió la denuncia, al ver indicios de delito en la actución del personal del establecimiento hostelero.
Tras un periodo de silencio, el propietario del local ha decidido romper su mutismo para detallar a EL CORREO su versión de lo ocurrido. Y lo ha hecho a través de su abogado, Eduardo Cervera, que defenderá su actuación si el caso llega a los tribunales.
El letrado tiene las ideas claras. «Al parecer, no era la primera vez que el joven magrebí acudía al local en estado de embriaguez y se le había llamado la atención por su comportamiento», recalca. Cervera reconoce que, en esa situación, el papel de los hosteleros «es complicado. Si avisas a la policía, vienen la primera vez, pero si es un reincidente, rara vez acuden y sólo te recomiendan que pongas una denuncia», añade. Por ese motivo, el dueño del pub optó por «informar a los empleados y al personal de seguridad, que está de vez en cuando para controlar las cosas, que si se repetía le denegaran la entrada».
«Volvió y pidió droga»
El abogado apunta varias, a su juicio, inconsistencias en la denuncia del Síndico. «En ningún momento pidió la hoja de reclamaciones como se ha dicho. Eso se hace si se ha prestado un servicio, pero como no entró, no pudo pedirla», revela. También considera «sospechosa» la suposición de que fuera con otros amigos de nacionalidad española a los que, supuestamente, sí se permitió el paso. «Es curioso que si vas con amigos y no puedes pasar, ellos se queden y te dejen en la calle», añade.
Cervera también desvela que toda la polémica generada en torno a estos hechos «ha afectado mucho a mi cliente psicológicamente y le ha provocado estrés y ansiedad». No sólo eso, sino que teme que pueda repercutirle económicamente. «La gente asocia el local con racismo y eso le ha provocado ya algunas pérdidas», admite.
Por estos motivos, estudian emprender acciones legales contra el joven magrebí y el propio Síndico. «Está muy bien que recoja quejas ciudadanas, pero antes de tomar una decisión de este calado, debería haberlo contrastado», se queja. En caso de seguir adelante con la denuncia, «lo que es casi seguro», desvelarán que el joven extranjero acudió al mismo local «tres días después de publicarse la noticia y estuvo preguntando a otros clientes si tenían y le vendían droga. Tenemos testigos para respaldarlo», asegura. Y es que tras lo ocurrido quiere dejar muy claro que «no se trató de una actuación racista, sino por molestar a otros clientes. En este local entran otros magrebíes y con algunos hasta tienen cierta amistad», concluye.