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Sociedad

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La demanda de carnés para motos se dispara un 200% en Euskadi y desborda a Tráfico
Un motorista, en prácticas de carretera. / M. MIELNIEZUK.
Las jefaturas provinciales de Tráfico de los tres territorios vascos están desbordadas por una avalancha de aspirantes a motoristas. Si tradicionalmente la demanda de permisos se dispara en el periodo estival, este mes de julio la progresión ha sido muy superior: en torno al 200% más de lo habitual, según la Dirección General de Tráfico (DGT). La causa estriba en que, tras el verano, obtener una licencia para conducir un vehículo de dos ruedas será más difícil y caro, e incluirá un nuevo examen en carretera para las motos de mayor cilindrada. Ante este endurecimiento de los requisitos, muchos futuros motoristas han decidido adelantar sus planes y acudir en masa a las autoescuelas, que no dan abasto para tramitar todas las solicitudes.
Cuando apenas quedan tres días hábiles antes de que Tráfico cierre por vacaciones, la saturación se ha trasladado ahora a los aspirantes a obtener el carné de turismo (B1). «No hay suficientes examinadores. Si los responsables de Tráfico no lo remedian, muchos van a tener que posponer el examen, con los problemas que eso conlleva en plenas vacaciones», advierte el presidente de la Federación de Autoescuelas de Euskadi, Íñigo Montenegro.
El decreto que entrará en vigor el próximo 1 de septiembre fue aprobado en enero por el Consejo de Ministros. Con el endurecimiento de los requisitos, el Gobierno pretende reducir la sangría de motoristas en las carreteras que desde distintos sectores se atribuye a la falta de profesionalidad. Para emmendar esta carencia, la DGT exigirá, además de conocimientos teóricos, una serie de pruebas prácticas cuya complejidad crecerá en función a la mayor cilindrada del vehículo. En el caso de las motos más potentes, además, se eliminarán las exenciones que hasta ahora permitían no realizar el examen de circulación a los titulares de un permiso de inferior categoría o de la clase B (turismos) con más de dos años de antigüedad.
En carretera
Así, desde el próximo 1 de septiembre, las personas que deseen obtener la licencia A1 (para motos de hasta 125 centímetros cúbicos) y A (superiores a 125 cc), además de aprobar un test teórico y la consiguiente prueba práctica en pista cerrada -en la que deben demostrar su destreza a la hora de esquivar obstáculos, circular por una franja o frenar en situaciones de emergencia-, tendrán que asumir un nuevo reto: salir a la carretera para superar un examen de conducción por vías urbanas o interurbanas, al igual que ahora hacen los aspirantes a pilotar un turismo.
El examinador, que irá detrás en un automóvil de la autoescuela conducido por el profesor, comunicará al alumno las instrucciones a través de un sistema de auriculares. En todos los casos, los aspirantes deberán demostrar que son capaces de conservar el equilibrio a diferentes velocidades, incluida la marcha lenta, y reaccionar adecuadamente ante diversos imprevistos y circunstancias de la conducción.
Por otro lado, los que quieran obtener el carné de ciclomotor, que ahora sólo debían superar una prueba teórica o un cursillo en la autoescuela, tras el verano tendrán que hacer un examen práctico en pista; al igual que les ocurrirá a los que cuentan con permiso de coche. Las maniobras, según precisa el decreto, permitirán comprobar el manejo del freno, el equilibrio, su postura sobre el ciclomotor o la posición de los pies. Otra de las medidas previstas por el Gobierno era ampliar la edad mínima permitida para conducir un ciclomotor de los 14 a los 15 años, pero la iniciativa ha quedado aparcada 'sine die' ante las presiones del sector de fabricantes, que temían un parón en las ventas.
Goteo constante
Ante el endurecimiento de los requisitos, que además de aumentar la dificultad elevará la factura del permiso, muchos aspirantes a motoristas no han perdido el tiempo. Desde hace unos meses, el goteo es constante en las autoescuelas aunque la demanda se ha disparado a partir de julio. «Se ha notado un incremento tremendo», confirma Juan Francisco Aldamiz, director de Autoescuela Izaro, centro que desde hace un par de meses no admite nuevas inscripciones. «Preferimos dar un buen servicio y preparar bien a los alumnos», asegura este profesional, que reconoce que ahora la formación de los futuros motoristas adolece de «ciertas carencias» que pueden ser subsanadas con los nuevos requisistos.
El presidente de las autoescuelas vascas, Íñigo Montenegro, cuantifica el aumento de la demanda en un 300% y reprocha a Tráfico que no haya respondido con un refuerzo acorde de personal. «La situación ahora es bastante tensa porque muchas personas que están pendientes de hacer el examen del B1 antes de las vacaciones puede que tengan que retrasarlo», asegura.
El próximo 30 de julio es el último día hábil para hacer exámenes. Los responsables de la DGT creen que cumplirán las citas programadas hasta entonces aunque no descartan posponer alguna convocatoria. «Los alumnos se han incrementado de manera bárbara y hemos hecho todo lo que hemos podido. Las propias autoescuelas son las que deberían haber filtrado la avalancha de peticiones», asegura el jefe de Tráfico de Vizcaya, Adolfo Peñaranda. En este territorio, por ejemplo, el miércoles se realizaron 900 exámenes teóricos cuando el récord de un mes de julio estaba en unos 500 en una sola jornada. A su juicio, algunas autoescuelas han alimentado «cierta psicosis» sobre los futuros cambios que «no se corresponde con la realidad».
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