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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

25.07.08 -

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L a desarticulación del comando Vizcaya refleja las limitaciones que tiene la organización terrorista para mantener una estructura suficiente para garantizar sin sobresaltos la continuidad de una organización armada que pretende, nada más y nada menos, que obligar al Estado a una negociación sobre la unidad territorial y la autodeterminación de Euskal Herria. Hace ya muchos años que la llamada 'lucha armada' se convirtió en el mayor obstáculo para avanzar en un proceso civil de búsqueda de un acuerdo plural en torno al principio democrático de que todas las opciones deben disponer de la posibilidad real de llevar a la práctica sus objetivos democráticos, y no sólo de defenderlos.
Hace muchos años que ETA se convirtió en un cáncer para el independentismo vasco. Pero la desarticulación del 'Vizcaya' expresa, además, el nefasto balance de quienes decidieron, de una parte, tirar por la borda todo el proceso de diálogo con el Gobierno y, por otra parte, destruir el espacio de interlocución y, por consiguiente, de reconocimiento -por encima de la ilegalización- que había conseguido la izquierda abertzale de Otegi en aquel marco de alto el fuego y diálogo político.
Es obvio que quienes se impusieron y tomaron aquella decisión no sólo han perdido tácticamente, sino que han situado al conjunto del movimiento de la izquierda abertzale en un escenario de clara derrota estratégica, salvo que se adopten medidas de calado en el seno de ese movimiento que coloque a la organización ETA ante la decisión inaplazable de su desistimiento irreversible.
Ésa es la única manera de evitar la derrota estratégica de la izquierda abertzale vinculada a la historia de ETA. La condición innegociable para poder sobrevivir en términos políticos. Hace tiempo que la violencia de esta organización no cuenta con la simpatía de las bases de este movimiento, aunque ETA como fenómeno sea merecedora de su respeto.
Para su gente, la violencia ha perdido utilidad, ha perdido significado político, particularmente tras la ruptura de la tregua de 1998 cuando vivieron en su propio cuerpo cómo la izquierda abertzale perdía la mitad de su representación parlamentaria. No estamos ante una reconsideración moral o ante una nueva norma ética. Sencillamente la razón política que antaño explicaba la utilidad de la 'lucha armada' ha dejado de existir. Dicha apreciación se hace aún más evidente cuando observan, sobre todo desde la ruptura de la última tregua, la gravedad de la vulnerabilidad de ETA, debida fundamentalmente a la eficacia de las fuerzas de seguridad que han incrementado su capacidad de intervención y control sobre elementos esenciales en el futuro de la organización terrorista, hasta el punto de hacer cada día más creíble la reducción del problema de ETA a una cuestión estrictamente de orden público; es decir, sólo policial.
Ante tal eventualidad, la alternativa del desistimiento voluntario siempre será una opción más digna y más constructiva que la de continuar cavando la fosa, cada vez mas profunda, cada vez más oscura. Tras la desarticulación del 'Vizcaya' el ministro de Interior apeló a ETA para que de manera formal llegue a la estación término del desistimiento, pero también advirtió que algunos ya han llegado a dicha conclusión cuando afirmó que «algunos parece que van siendo conscientes de esta situación absolutamente irreversible. ¿El resto? Cuanto antes se den cuenta mejor para ellos y para todos». Nosotros debemos presumir que el ministro sabe de lo que habla y, por consiguiente, razonablemente también nosotros podemos presumir que los llamados conscientes habrán utilizado los cauces oportunos para hacer llegar al ministro sus propuestas para hacer irreversible el desistimiento. Sería una alegría para todos y la salvación para Zapatero ante tanto desastre económico.
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