Barack Obama ha sido comparado con frecuencia con el ex presidente John F. Kennedy. El mandatario, asesinado hace 45 años en Dallas, conquistó el corazón de Berlín con su famosa frase «Ich bin ein berliner (Yo soy un berlinés), pronunciada en junio de 1963 cuando la ciudad aún estaba dividida por un muro. Una sensación similar vivió ayer el senador de Illinois al pisar la capital alemana.
Desde que su avión aterrizó en el aeropuerto de Tegel y hasta que finalizó su discurso en la 'milla del aficionado' -albergó a miles de hinchas en el Mundial de Fútbol de 2006-, el candidato demócrata fue tratado por sus anfitriones como si ya fuera el presidente. El tráfico de la ciudad se colapsó para dejar libre el paso a una impresionante columna de vehículos que escoltó a Obama en su desplazamiento, un honor reservado exclusivamente a los jefes de Estado en visita oficial.
Angela Merkel postergó un día sus vacaciones para recibir al político afroamericano en la cancillería y reservó una hora de su apretada agenda para hablar con el aspirante al Despacho Oval. El encuentro, según un portavoz del Gobierno, se desarrolló en un clima amistoso y ambos políticos hablaron de forma franca y profunda.
Aunque no hubo declaraciones a la prensa, la canciller se esmeró por ofrecer a su huésped un recibimiento que sólo han gozado con anterioridad presidentes y jefes de Gobierno. Apretón de manos ante las cámaras y fotógrafos y una breve aparición en un balcón del edificio desde donde se puede observar el legendario Reichstag y la emblemática Puerta de Brandeburgo.
Fue en ese momento cuando Berlín dio rienda suelta a una fiebre que ha contaminado a la ciudad: la 'Obamamanía'. Cientos de curiosos que se habían reunido en las inmediaciones de la sede del Ejecutivo germano estallaron de júbilo al contemplar al candidato. «Yes we can (Sí, podemos)», gritó la gente al recordar la frase que marcó la carrera por la nominación de Obama. «Si sólo cumple con la mitad de lo que ha prometido, con él, el mundo tendrá un futuro», dijo Ullrich Mayer, un profesor que viajó desde Bonn para ver al político estadounidense.
La pasión subió de nivel cuando la columna de vehículos llegó hasta el hotel Adlon, donde una multitud se había dado cita para ver al senador de Illinois. «¡Obama presidente!» gritaron eufóricos los congregados, felices de haber podido divisar, aunque fuera a distancia, al popular senador.
Escenas de júbilo
Las escenas de júbilo se repitieron en el moderno edificio que sirve de sede al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. En un gesto que no pasó desapercibido para nadie, el ministro Frank-Walter Steinmeier, quien no ha ocultado sus simpatías por el candidato demócrata, abandonó su oficina para recibir al célebre visitante en el patio interior del inmueble ante la mirada expectante de decenas de funcionarios
Steinmeier, que puede convertirse en el rival de Merkel en las próximas elecciones nacionales, no quiso desaprovechar la ocasión para dejarse fotografiar al lado de Obama. El candidato socialdemócrata y su homólogo demócrata sonrieron, se dieron un largo apretón de manos y sólo faltó un abrazo de confraternidad.
«He vuelto a constatar durante nuestra conversación que nuestra filosofía -cooperación en lugar de confrontación- también es su objetivo en política exterior», dijo el ministro tras despedir a su invitado. «Hemos coincidido en que en un mundo que busca un nuevo orden, Europa y Estados Unidos pueden, y deben, actuar unidos», añadió.
La 'Obamamanía' llegó a su clímax en la famosa 'milla del aficionado', que ayer fue el escenario perfecto para escuchar el esperado discurso del aspirante a la Casa Blanca. Cuando Obama subió a un pequeño estrado construido a los pies de la simbólica Columna de la Victoria, desde donde podía contemplar la Puerta de Brandeburgo, la multitud, calculada en 250.000 personas, dio rienda suelta a su entusiasmo y recibió al senador como al futuro presidente de Estados Unidos.
«¡Obama, Obama!», fue el grito que surgió del gentío cuando el candidato llegó al escenario para pronunciar su alocución. «Gracias pueblo de Berlín. Gracias pueblo de Alemania por este gran recibimiento», respondió Obama, feliz de la extraordinaria acogida de la capital germana.