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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

VISITA AL MUSEO DEL HOLOCAUSTO

El candidato demócrata reitera su compromiso con la seguridad del país hebreo y sitúa como prioridad para Oriente Próximo el evitar que Irán consiga armas nucleares

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Obama apura su seducción en Israel
Obama visita el Museo del Holocausto. / AP
Barack Obama reservó ayer su último día de gira por Oriente Próximo, antes de dirigirse hacia Europa, para hacer frente en Israel a una amenaza para sus aspiraciones presidenciales. Más sutil. Y más poderosa que los escenarios de guerra que ha pisado en Afganistán e Irak: el escepticismo de la comunidad judía hacia su candidatura.
Lejos de las oleadas de fascinación que ha suscitado en otros países, en una tierra donde su adversario republicano, John McCain, es el favorito, Obama desplegó ayer una agenda maratoniana y un discurso milimétricamente diseñado para romper la desconfianza en torno a su figura. Los judíos estadounidenses son votantes decisivos en las elecciones, sus talonarios también. Así que el flamante candidato no ahorró en los elogios y en lanzar garantías hacia Israel que se esperan de todo aspirante a la Casa Blanca. Ya lo hizo en junio, nada más ser nominado, ante el influyente Comité de asuntos públicos americano-israelí, el mayor 'lobby' judío de Estados Unidos. Y ayer tocaba Israel.
Fue su primer planteamiento por la mañana, antes de visitar el Museo del Holocausto -tocado al estilo hebreo con una 'kipá'- y de rezar en el Muro de las Lamentaciones.
La existencia de Israel «es un milagro», afirmó tras entrevistarse con el presidente hebreo, Simon Peres, ante el que deletreó sus intenciones de mantener la privilegiada alianza Washington-Tel Aviv que los más reacios exigían oír. «Estoy en este viaje para reafirmar la especial relación entre Israel y Estados Unidos, mi permanente compromiso con su seguridad y mi esperanza de poder servir como socio efectivo, ya sea en calidad de senador o de presidente», explicó.
Sabedor de que sus orígenes como Barack Hussein Obama, de antepasados musulmanes por línea paterna, han levantado tantas suspicacias como su propósito -luego matizado- de entablar con el presidente iraní negociaciones «sin condiciones previas», el demócrata rindió una y otra vez compromisos de seguridad y defensa a Israel. En el frente de Teherán, pero también en el de Gaza.
No en vano, el candidato demócrata eligió su visita a la ciudad israelí de Sderot -la más castigada por los cohetes artesanales procedentes de la Franja- para decir por igual que «un Irán nuclear representaría una grave amenaza y el mundo debe prevenirlo», y que, si su hogar con sus dos hijas se viera atacado por proyectiles, haría «cualquier cosa por pararlo». «Y esperaría -añadió- que los israelíes hicieran lo mismo».
Despejar temores
Tras haberse reunido con el ministro de Defensa, Ehud Barak y el jefe de la oposición, Benyamin Netanyahu, el aspirante afroamericano aprovechó su estancia en Sderot junto a la jefa de la diplomacia hebrea, Tzipi Livni, para despejar los temores de quienes sospechan que, de llegar a la Casa Blanca, el actual senador por Illinois podría restringir la libertad de acción de Israel. «No creo que ninguno de ellos, haya tenido hoy la sensación de que yo podría presionarles para aceptar concesiones que pudieran poner su seguridad en juego», explicó, a punto de dirigirse a su última cita, con el primer ministro, Ehud Olmert.
A pie de página de su agenda, Obama cumplió también con una entrevista de una hora en Ramala con Mahmud Abbas, el presidente de los palestinos, a los que el candidato tanto decepcionó al pronunciarse en junio contra la división de Jerusalén. Obama no arriesgó, su única promesa allí fue que se implicará en el proceso de paz sin «perder un minuto» si resulta elegido.
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