Si la risa es saludable, los de Araia tienen que tener una vitalidad de aúpa. La localidad alavesa acoge desde hace quince años el Festival de Teatro de Humor, unas jornadas cargadas de lozanía que coordina Javier Alkorta 'Txortas'. La cita de agosto pinta bien: prestigiosos cómicos, simpáticos malabaristas, obras divertidas, circo con arte... Se puede decir que el de Araia es un certamen bien aliñado.
-¿Cómo se presenta la edición de este año?
-Espero que sobrevivamos a ella (risas). La afluencia de gente cada año es mayor y ha llegado un momento en el que hay que empezar a ponerse las pilas porque la gente puede desbordar algunos espacios. Estamos intentando buscar soluciones, pero creo que estamos lejos de morir de éxito.
-Tan bien ha funcionado la cita que los espectáculos ya no se quedan sólo en Araia.
-No. Desde la Diputación se nos planteó aprovechar el tirón y programar espectáculos fuera, en otros pueblos.
-¿Y esto no provocó cierto recelo en Araia?
-No. Podían haber pensado que les estaban robando el festival, pero creo que se actuó muy inteligentemente y, lejos de mantener esa actitud pueblerina, se decidió exportar el festival por todos los pueblos de Álava. Fue una ocasión ideal para aprovechar sinergias, reducir los cachés y, sobre todo, convencer a compañías que nunca vendrían desde Italia o Grecia para realizar una sola función.
-¿Cómo hacen la selección de obras y artistas?
-Con una presencia permanente en el mercado. Estamos viendo espectáculos durante todo el año. Y se intenta hacer una selección lo más rigurosa posible dentro de nuestra capacidad económica y de negociación.
-Tras un año viendo comedias, gozarán de un humor excelente, ¿no?
-No todos los días. Se ven muchas cosas, pero no todo es bueno.
-¿Cuántos espectáculos ve al año?
-No menos de doscientos.
-¿Tiene alguna espina clavada porque algún artista se les resiste?
-Este año, por ejemplo, vi a una compañía francesa en Portollano y salté de la butaca para contratarlos. Fue imposible. Les planteé el año que viene y tampoco tenían fechas. Hemos quedado para 2010.
-Y algo le ocurrió con Gila.
-Sí, fue curioso. Un periodista sacó su nombre y yo dije que me parecía un genio. Titularon por ahí y fue un tema recurrente durante años. Para mi no era un reto, pero un año lo contraté. Estaba todo cerrado, pero al enterarse de que tenía que coger un coche desde el aeropuerto de Bilbao y venir hasta Araia, me llamó y dijo que no.
Mosqueo con Gila
-Y usted se enfadaría, ¿no?
-Me mosqueé porque no entendía la disculpa. Gila murió ese mismo año y me sentí un poco culpable por ese enfado tonto que tuve con él.
-Desde hace unos años hacer furor los monólogos de humor.
-Y nosotros nos hemos alejado de los llamados '.com'. Parecía que había una máquina fabricando monologuistas en serie. Es algo tan complicado de hacer, hay que ser muy bueno para hacerlo bien.
-¿Y 'Txortas' no se decide a volver a subirse al escenario?
-Dejé de pisarlo hace doce años, pero sigo con Porpol y esto se acaba. Vuelvo con un trabajo que me han ofrecido y me encanta, un espectáculo para niños muy elaborado y dulce. Me halagó mucho que me llamaran después de doce años sin hacer nada.
-Dicen que el humor es salud, ¿da fe de ello?
-Mi vida no es una carcajada continua, de hecho tengo el colesterol alto, pero creo que es salud mental. Y eso no quiere decir que no hay que tomarse las cosas en serio.
-Los vascos tenemos muchos sanbenitos, dicen que somos muy serios. En Euskadi, ¿es más difícil hacer el humor o hacer el amor?
-Ja, ja, ja... Hacer el humor es difícil y hacer el amor casi imposible. Lo ideal sería hacer el amor con humor.