Cuando Ratko Mladic era el hombre más odiado por los musulmanes, temido por los generales de las fuerzas de paz de la ONU que habían fracasado en su intento de defender Srebrenica e idolatrado como un dios por los serbios de Bosnia confesó a una revista de Belgrado cuál era la meta de su vida como militar. «He liberado la tierra que pertenece a los míos, pero mi trabajo aún no ha terminado. Trieste es una vieja ciudad serbia y esta guerra terminará en algún lugar entre ella y Viena», dijo el hombre al que ahora se le conoce en todo el mundo como 'el carnicero de Srebrenica', el arquitecto de la peor masacre que se haya cometido en Europa después de la II Guerra Mundial.
«Ha llegado el momento de vengarnos de los turcos -nombre despectivo con el que se refería a los musulmanes bosnios-», dijo ante los micrófonos de reporteros de radio y televisión. Poco después ordenó la matanza.
Fueron los momentos de mayor gloria de un clásico producto del procomunista cuerpo de oficiales del ex Ejército federal de Yugoslavia. Mladic personificó, quizás a causa de su pasado familiar, la aversión visceral que sienten los serbios contra cualquier intervención extranjera en su tierra, un odio que motiva su crueldad.
El fanatismo mostrado por Mladic durante la guerra tiene raíces en su infancia. Cuando contaba dos años su padre fue abatido por las balas de los ustachas croatas. Poco después de que estallara la guerra de los Balcanes murió su esposa, y su hija Ana, de 23 años, se suicidó en 1994 avergonzada por los crímenes que había cometido su padre.
Traicionado por Milosevic
Poco después comenzó la caída del orgulloso y temido general, víctima de la traición de su más poderoso aliado, el ex presidente Slobodan Milosevic, quien, para salvar su propio poder, prefirió negociar la paz con Occidente en lugar de ordenar nuevas aventuras militares. Los famosos acuerdos de Dayton, firmados en 1995, pusieron fin a la sangrienta guerra de tres años en Bosnia-Herzegovina y acabaron con la larga y exitosa carrera de Mladic.
El 25 de julio de 1995 el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) le acusó de haber cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad contra la población civil de Sarajevo y genocidio por la matanza de unas 8.000 personas en Srebrenica. Pero todavía tardó seis años en desaparecer de la faz de la tierra. Hasta 2001 Mladic no decidió pasar a la clandestinidad, justo cuando Milosevic fue depuesto.
Fue entonces cuando se convirtió, junto a Radovan Karadzic, en el hombre más buscado del planeta, con una recompensa por su cabeza de más de tres millones de euros. La detención por sorpresa del ex líder político serbobosnio ha erigido al ex general en el último criminal prófugo de Europa.
En los últimos siete años se le ha visto en su casa de Belgrado y cenando en restaurantes. También realizó viajes a Bosnia para festejar con sus viejos camaradas y para participar en cacerías, e, incluso, según documentos secretos que llegaron a manos del TPIY, aún recibe su pensión de general.
La detención del ex general de 65 años podría ser cuestión de días y sólo depende de una orden política.