«¿Qué puede pasar ahora en Alpe d'Huez?», le preguntaron en la meta a Sastre. «Todo», contestó. Así tendrá que ser porque ayer no sucedió nada. No lo quiso la Bonette-Restefond. Es un puerto ajeno a las reglas. Otro universo. Mineral. Hasta allí no sube ni el bosque. Sólo se atreve el regimiento del ejército francés destinado a Afganistán. El mismo paisaje. Así es la Bonette. Alta: 2.802 metros. Mira desde arriba, y ayer decidió que no era día para batalla. Cambió el guión: sopló con viento en contra y apagó la mecha del CSC, el equipo del líder Schleck y de Sastre. Apagó la fiesta. Evans, como un imán en la puerta del frigorífico, subió con ellos, a rebufo. Contando los días para ganar el Tour en París: sólo le queda uno por pasar, el de hoy en Alpe d'Huez. La Bonette le protegió. Incluso le premió con los 35 segundos que derrochó Menchov en otro de sus descensos temerosos. Todos perdieron: el CSC, un día de montaña; Menchov, la calma. Uno ganó: Evans. A su estilo: sin hacer nada. 'Nada', como impuso la Bonette.
El CSC creía dominar todos los mecanismos de este Tour. Puso a Voigt y Arvesen de avanzadilla y esperó. «Tranquilo Franck. Deja que se escapen. Ya llegará la Bonette», le aconsejaba Sastre, su cicerone ayer. Y se fugaron muchos. En oleadas: Cunego, Valjavec -llegó a ser líder virtual-, Arroyo, Zubeldia, Txurruka, Chavanel, Iván Gutiérrez, Popovych, Casar, Dessel... Y Schumacher. Mientras el CSC, propietario del Tour, daba salvoconducto a las escapadas, la etapa trepó los 21 ásperos kilómetros de la Lombarda. Sutura entre Italia y Francia. Schumacher dejó a sus compañeros de aventura igual que a latas vacías. Ingrávido. Flotaba. Se ganó el derecho a ver primero la puerta de la Bonette-Restefond. Otra luna.
Schumacher al frente
A más de 2.000 metros de altitud se pedalea sobre pegamento. La presión atmosférica desciende: hay menos cielo sobre la cabeza. El aire pierde fuerza para acceder a los pulmones. Hay oxígeno, pero no entra. No suben las pulsaciones. La Bonette apaga el corazón. Schumacher lo notó a ocho kilómetros de la cima. Le pasaron Dessel, Arroyo, Casar, Popovych y otros. Los que iban a apostarse la etapa en el descenso a Jausiers. La Bonette, entonces, se giró hacia el CSC, que por detrás tejía su malla. Tiró primero Cancellara. Y luego Gustov. Y Arvesen y Voigt cuando les cogieron. Y, claro, Andy Schleck. El hermano del líder. Vínculo sanguíneo.
A casi tres mil metros de altitud, con el sol secando los pasos del pelotón... A tres kilómetros de la cima, Sastre tenía cita con su primer ataque. Tímido. Kohl, el inesperado austriaco, se colgó de su dorsal. Sastre, rostro de roca. Escalador. Como Kohl, cara adolescente, redonda. Andan parejos. Y en esas condiciones, el aire en contra decide. «No valía la pena. Era imposible dejarle», explicó el abulense. Frenado por el aliento de la Bonette y por la condición de líder de Schleck. Kohl, ágil, elástico, está a sólo siete segundos en la general. La subida se volvió pasiva. Valverde y Samuel enlazaron en las dos primeras curvas del descenso. Vandevelde, única víctima ayer, se incrustó en la tercera. Le costó un chapuzón en la ladera de piedra, y dos minutos y medio en la meta. El valor del podio.
Menchov frena
La Bonette se baja como se sube: en silencio. A intervalos. Entre curvas. Con la mirada intrépida de Samuel Sánchez. Sondeó a todos en el primer bucle y apartó las manos del freno. Buscó rectas en cada giro. Con las rodillas a la altura del suelo. Sastre, los Schleck, Kohl y Evans se subieron a esa moto. Menchov no. Otra vez. Como en la Vuelta a España 2005, la que le quitó Heras en la bajada de la Colladiella. Allí, en Asturias, se entretuvo con el chubasquero. Ayer no llovía: el sol claveteaba las sombras que huían de la Bonette. El ruso frenó. Ese sonido. De crujido. Todos lo escucharon. Fue el pecado del indeciso Menchov. Y la Bonette le impuso 35 segundos de penitencia. Entró con la cara descolgada. Estancado de nuevo en ese temor al borde.
Hoy, a Alpe d'Huez los ciclistas llegarán consumidos. Con maillots de talla 's' sin llenar. En puro pellejo para subir el Galibier, la Croix de Fer y Alpe d'Huez. La etapa alpina final. El Tour al descubierto. «Esta carrera se pierde fácil en un día, pero es difícil ganarla en sólo una etapa», se preocupaba Schleck. El empate de ayer beneficia a Evans. Es la banca del casino. El contrarrelojista. Sólo él ganó ayer. ¡Ah! Y Dessel, el más rápido de la escapada que llegó a la meta de Jauziers. Vencieron porque en la Bonette no sucedió nada. ¿Y hoy? «Todo», insiste Sastre. Un día que vale un Tour.