Con la guardia alta acudimos el lunes al bolo de Patti Smith en la sala Santana 27, escamados por los vaticinios que anunciaban que la musa del punk neoyorquino daría una de cal y otra de arena, sabe Dios en qué proporciones. Tal cual sucedió el año pasado en el Kursaal donostiarra, donde su banda rindió en el rock pero ella, la muy budista, se rindió a la tentación de poetisa recitadora que aburría al más templado y le dejaba apenas sin escapatoria.
Sin embargo, no se cumplieron los peores augurios en su debut en Bilbao, la última fecha de su gira española, como ella se encargó de recalcar para excusar su castigada garganta y para celebrar un concierto de rock con todas las de la ley y sin miedo a la resaca posterior, empezando por ella, que sedujo al gentío juvenil y entregado, unas 1.500 personas que pagaron 35 euros y salieron plenamente satisfechos.
De lo mejor del año resultó el concierto de Patti Smith & Her Band (y su banda). En su seno, su hijo Jackson Smith (guitarra) y su fiel Lenny Kaye (a la otra guitarra) con pinta de veterano rufián ilustrado y vistiendo una camiseta del bar barcelonés Ramón. Esta enésima cita con la leyenda del rock de turno que gozamos por estos lares ruló cool, al ritmo debido, con los ambientes modelados y los aromas genuinos del pasado hippie de San Francisco y del presente que nos atañe: «¡El futuro somos nosotros y el futuro es ahora!», clamó la musa casi al final.
La cita duró 110 minutos y expendió quince temas. En el primero, 'Kimberly', con la argamasa de Lou Reed en NuevaYork, ella bailó junto a Lenny Kaye. En el segundo, 'Redondo Beach', se arrimó al reggae remitiendo a la también neoyorquina Blondie. Ya estábamos en la onda y Patti era de los nuestros: botas camperas, vaqueros ajados, imperdible en el muslo, camiseta blanca vieja, americana formal...
Agarró el clarinete y coló pasajes free jazz a la introducción de su adaptación del 'Are You Experienced?' de Jimi Hendrix y ya no había necesidad de convencer a nadie cuando Lenny Kaye obtuvo su primer momento de protagonismo en la garajera 'Pushin' Too Hard' de los Seeds mientras la plácida Patti se sentaba al borde del escenario. La fiesta prosiguió con el grove indie 'Dancing Barefoot' y con ella vertiendo un chupito de alcohol a una taza, alzándola para brindar y siendo respondida en pleno por el personal, que a su vez alzó botellas de cerveza y vasos a tutiplén.
Rompiendo cuerdas
Ya ven qué bien. En una de las cimas reconocidas por el respetable, 'Because The Night' (coescrita con Springsteen), Patti Smith pidió ayuda, pues sentía la voz renqueante y la peña empujó más desde abajo que el grupo desde arriba. Se aplacaron los ánimos en la acústica 'Smells Like Teen Spirit' de Nirvana, y hasta el final se remontó el vuelo con un eléctrico 'For Your Love' de los Yardbirds (segundo momento Lenny Kaye), el coreado 'People Have the Power' y el sopapo 'Rock N Roll Nigger', con la diva punk rompiendo las cuerdas de una guitarra en un gesto gratuito.
El bis reservó el acústico 'Helpless', de Neil Young, y la caja de los truenos de 'Gloria', su revisión en gradación del hit de Van Morrison, estupendo colofón para un concierto de rock sin ambages intelectuales ni subterfugios culturetas.