El único café que se cultiva en Europa procede de la localidad grancanaria de Agaete. Es un producto en vías de recuperación, una variedad que proviene de Etiopía y que en la isla se cultiva en las orillas de las fincas, junto a otras plantaciones. Hubo un tiempo en que se llegaron a producir diez mil toneladas anuales, pero esas cifras han caído hoy hasta la décima parte, porque se trata de un cultivo que requiere mucho agua y da demasiado quehacer. Se puede tardar un día entero en recolectar un solo kilo de café, la segunda materia prima más importante del mundo después del petróleo. A saber, el país que más consume en el mundo es EE UU (siete kilos por persona al año), y España, de los que menos. Con cuatro kilos nos basta. Y a 130 tazas por kilo sale a... ¡520 desayunos!
El experto catalán en cafés Albert Solá, ya fallecido, lo descubrió hace unos años. Apreció el gusto «afrutado y dulce que recuerda al regaliz» de la variedad verde de Agaete y no cejó en su empeño hasta que, en 2001, se inició un programa de fomento de su cultivo.Hoy se vende con el objetivo de convertirlo en un producto delicatessen.
A muchos les sonará. Agaete es la localidad donde se encontraba 'El dedo de Dios', una estructura rocosa natural situada en el litoral que tenía la forma única de un dedo humano. Durante una tormenta en el año 2005, vientos de 130 kilómetros por hora destruyeron a las seis de la tarde de un lunes 28 de diciembre, día de los Inocentes, este monumento natural. La parte superior, el 'dedo', de unos veinte metros de altura, fuente de inspiración para poetas, artistas y enamorados, se desprendió en medio de un gran estruendo y cayó al mar. Fue «el día más triste» del mandato del entonces alcalde, Antonio Calcines. Una comisión de expertos dictaminó que no era aconsejable la reconstrucción del monumento natural, aunque sí la puesta en marcha de un plan para la conservación de los restos.
Desde entonces, en más de una ocasión Antonio Calcines ha ahogado aquel disgusto en una taza de café de Agaete. Hoy en día, unos 60 agricultores se dedican a este cultivo rescatado del olvido y que ha derivado en la puesta en marcha de una cooperativa para poder hacer frente al programa de valorización. La marca Café de Agaete «tiene incluso el logotipo hecho». Y planes para pasar de los 1.200 kilos recolectados en la temporada pasada a unos cuatro mil en cinco años, una vez iniciada la comercializacion a gran escala. «La calidad es tan buena que los agricultores están vendiendo el kilo a 30 euros», explica Germán Sosa Perdomo, coordinador téctino de Desarrollo Local, Empleo, Formación y Turismo del consistorio local.
Y si la cafeína la tiene prohibida, pruebe los mangos, las papayas, los aguacates y los higos del valle verde de Agaete. Sobre todo, después de pasar por los rudos volcanes y desiertos montañosos de la isla. Pero qué placer, despertarse con el aroma del café agaetense.