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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

RESACAS DE AMOR

22.07.08 -

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La atracción del abismo
La resaca del amor, ajustada metáfora para referirse a ese dolor que se siente tras ser abandonado por el otro y a la caída en casos extremos en la devastación existencial: el ego demolido y las expectativas ausentes.
Tan parecida a la resaca del mar, si se me permite el símil húmedo, acorde al fin y al cabo con el tema en que vamos a penetrar o ser penetrados, con perdón. Las olas que llegan a la playa cadenciosamente, una detrás de otra, y después se retiran y chocan con la próxima. Esas olas murientes, pero obstinadas, que mantienen la arena mojada ¿como tus ojos y mejillas? hasta que pasa el tiempo y baja la marea. Entonces, el calor del sol seca la arena. Pero sólo hasta la irrupción de la nueva marea.
Esas olas que en su retirada expresan también la atracción del abismo, la llamada del mar acogedor que en los casos desesperados induce a los enfermos graves de desamor a escapar del dolor que creen que les destruye ofreciéndoles su cobijo definitivo, el olvido a cambio de la destrucción real, de pertenecer para siempre a la quietud de su profundidad suspendidos en el sueño eterno de la nada.
La truculenta historia sucedió hacia 1920, en un islote de las Hébridas en el que sobrevivían un puñado de familias dedicadas a la pesca y ahumado de arenques.
Una de las mujeres que vivía en el islote, y se había quedado viuda, se enamoró de uno de los hombres, casado y con hijos. La mujer, obsesionada con el hombre, no paró de provocarlo hasta conseguir seducirlo. Pronto, lo quiso sólo para ella. El hombre se negó a dejar a su mujer y terminó por romper la relación con la amante.
La mujer desdeñada, loca de celos y despecho, consiguió colarse una noche en el dormitorio del hombre y de su esposa. La pareja dormía profundamente y no se percataron de la presencia de la intrusa. La mujer destapó al hombre, le alzó el camisón y le cercenó el pene con un machete para abrir y cortar arenques.
La mujer huyó con el pene del amante en la mano mientras éste moría desangrado sin que pudieran hacer nada por salvarlo. La encontraron en una diminuta playa del extremo norte del islote. Decía a gritos que aquel miembro que blandía ya sólo sería de ella y para ella. Cuando intentaron apresarla se internó en las frías aguas del océano y se ahogó.
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