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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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'La máquina de pintar nubes', debut como directores de Aitor Mazo y Patxo Tellería, retrata Bilbao tal y como era en 1974
22.07.08 -

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Una máquina de pintar nubes no parece lo más útil en Bilbao. A fin de cuentas, la mayoría de los días sólo hay que mirar al cielo para verlas. Claro que la herramienta en cuestión (un invento del Renacimiento) no sirve para modificar el clima, «es un juego con el que aprender a dibujar», señalan Aitor Mazo y Patxo Tellería. 'La máquina de pintar nubes' también es el largometraje con el que debutan estos dos cineastas y que estará en las salas en otoño.
En él, abordan el viaje iniciático de un chaval que quiere ser artista. «Queremos responder a la difícil cuestión de por qué un niño se empeña en hacerse pintor a pesar de ser daltónico. Por qué alguien se revela contra la extendida costumbre de nacer, trabajar y morir». Por si no era tarea suficiente, además han situado la historia en el Bilbao de 1974. «El Bilbao de nuestra infancia, el que ya ha dejado de existir; el que tenía un ambiente demasiado hostil para cualquier expresión de libertad, que es lo que significa en última instancia el arte».
Ayer, por unas horas, la ribera de Zorrozaurre -en la que pronto comenzará a construirse la península de ensueño futurista diseñada por Zaha Hadid- viajó 34 años atrás para simular el paisaje industrial «oficialmente considerado, de manera injusta, como feo» y que giraba en torno al Nervión. «La Ría es todavía el corazón de la villa, por más que nos fijemos en edificios como el Guggenheim». Nadie dudará de la transformación a mejor que ha vivido Bilbao desde la llegada de la democracia, pero para Mazo y Tellería la modernidad de este Botxo tan limpio se ha convertido en una pesadilla. «Perdimos media tarde intentando localizar a una señora que tenía en el tendedero una toalla de 'Doraemon'. Parece una tontería, pero detalles así te arruinan el plano».
Y es que el respeto a la época ha sido enfermizo en el rodaje hasta el punto de que los miembros del equipo conducen los mismos coches de época que se utilizan como 'atrezzo': un Mercedes de los de siempre, un Mini Cooper, un viejo Chrysler blanco...
«Hemos tenido que hacer alguna que otra trampa para representar el barrio imaginario en el que transcurre el film», reconocen. «Un viejo gasolino gira en Zorrozaurre y cuando Aitor se baja de él aparece en la plaza de San Ignacio. Según avanza, el siguiente plano es en Deusto». Otro quebradero de cabeza son los graffiti, impensables en 1974, el mobiliario urbano y recuperar las antiguas fábricas. «Me habría gustado rodar en Santutxu, pero de Etxebarria sólo nos queda una chimenea».
Por ello, a partir de antiguas imágenes han generado algunas ilusiones digitales. Es lo que tiene la informática; si se sabe tocar la tecla adecuada, un ordenador también es una moderna máquina de pintar nubes.
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