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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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ANÁLISIS

21.07.08 -

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Los humanos somos buenos produciendo algunas cosas. Problemas, por ejemplo. También ruido, envidia, lamentos, música y ficciones. Aunque en lo que no encontramos rival es en la producción de basura. Cada español genera al año 524 kilos de residuos. Los vascos estamos un poco por debajo de la media y nos quedamos en 504 kilos. Debe ser cosa del hecho diferencial, en este caso quizá del desecho. De cualquier modo, cada cual produce anualmente, y sin esforzarse mucho, su media toneladita de basura. Es una marca bárbara. Enhorabuena.
Como es natural, algo hay que hacer con semejante montaña de desperdicios. En Bilbao no nos complicamos y usamos el vertedero de Artigas, que durante tres décadas ha sido el cementerio de nuestras mondas de naranja, nuestras colillas y nuestros juguetes rotos. Ahora el vertedero debe ser reformado para cumplir los requisitos que exige la Unión Europea. Hay que sellar y restaurar medioambientalmente las instalaciones. Y hay que hacerlo antes de 2010, ya que en caso contrario los señores europeos no financiarán los dieciocho millones de euros que cuesta la reforma.
El nuevo Artigas será más pradera que vertedero. La idea es que en pocos años gran parte de la basura de Bilbao vaya a una planta de compostaje y a otra de tratamiento biológico. Nuestra época apuesta por el reciclaje y los vertederos pasan a ser la última opción en la gestión de residuos. Hasta aquí, todos de acuerdo. No lo estamos tanto en el tema de la incineración, es decir, de Zabalgarbi. Bilbao es el único municipio vizcaíno de cierto tamaño que no envía su porquería a la incineradora. La situación es curiosa porque Zabalgarbi planea ya pedir los permisos para la apertura de la segunda línea, una ampliación destinada a recoger los residuos de la villa. EB encabeza la batalla ecológica contra la planta y Julia Madrazo avisa de que la solicitud de los permisos será tomada como una traición al pacto de gobierno. Por su parte, la Diputación da a entender que la basura bilbaína terminará en la incineradora. Con menos, Dumas padre organizaba un folletín. En lo sucesivo, dejaremos la bolsa en el contenedor con gran delicadeza, temerosos de desencadenar una crisis política o algo aún más divertido.
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