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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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tour 2008

El abulense dejó atrás a Menchov y Schleck destronó a Evans, en una etapa marcada por la brutal caída de Pereiro

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Paradoja. El día de las caídas elevó la emoción de este Tour crepuscular. Aire fresco en Prato Nevoso, la primera etapa alpina. Era el lugar elegido por el CSC de Sastre y la familia Schleck para su emboscada. Ellos tensaron el leve puerto. Si rompían allí el hilo que les unía a Evans serían los líderes del Tour. Lo hicieron. El CSC cosió con ese hilo roto un nuevo maillot amarillo: el de Frank Schlek. Ahora, entre el líder luxemburgués y Sastre sólo hay 49 segundos y otros cuatro corredores: Kohl, Evans, Menchov y Vandevelde. Todos caben en menos de un minuto. Curioso: el Tour trompicado por un dominó de casos de dopaje se revitaliza en la etapa con más ciclistas por el suelo. Tour resbaladizo.
Descenso del col del Agnello. Cristalizado por la lluvia. De repente, Pereiro siente un leve empujón el ingresar en una curva a la derecha. Un grito sin voz. La bici se incrusta en el quitamiedos y él vuela. Se desprende de su sombra. Caída a plomo. Más de cinco metros. La altura de dos pisos. Aterriza en el escalón de abajo, en la salida de esa curva, del bucle. Sobre el asfalto. Los demás ciclistas, en hilera, se lo encuentran allí tirado. Paran. «Se mueve, se mueve», dice Sastre. Pereiro, desnortado, se toca el rostro. Sin casco. «¿Qué tengo? ¿Qué tengo en la cara?», chilla. Se siente desfigurado. No. Sus compañeros frenan en seco. «No tienes nada», le tranquiliza David López. «¿Qué ha pasado?», insiste Pereiro. No sabe. Le duele el brazo izquierdo, triturado. Valverde, petrificado, se tapa la boca con la mano. «Me he puesto a tiritar al verle». Asustado ante la caída. Vértigo.
«Se podía haber matado», suspira Unzúe, director del Caisse d'Epargne, que mira arriba, al punto de la curva desde donde se ha precipitado su ciclista. La alarma de una ambulancia le traslada al hospital de Cuneo. Charla con su esposa. Tranquilidad telefónica en el viaje. Y calma al escuchar el parte médico: sólo una fractura de húmero. Sólo. Nada que no cure la escayola. Pereiro se queda sin Tour, pero entero. Ésa fue la primera caída.
La segunda también resultó espectacular. En una rotonda. Ciclistas abiertos en cremallera. Repartidos entre la derecha de la glorieta y la izquierda. Y, como en un baile, dos patinazos simultáneos. Eco. A los dos lados. Cunego, el esperado por su afición en la etapa italiana del Tour, se barniza de barro. Como otra docena de dorsales. Para entonces, el CSC ya danzaba sobre una carretera recta que iba a Prato Nevoso. Voigt y Cancellara, la pareja que tumbó a Valverde en el Tourmalet, apretaban los pulmones del resto. Por Sastre y los Schleck. Otro del CSC, Andy, el menor de los Schleck, redobló la exigencia. Ya en el puerto. Subía veloz, como la mecha que va hacia la dinamita. A provocar la explosión de Evans, el líder solitario. Sin nadie de su equipo. 'Robinson'. El Tour se quedó en 10 corredores: Evans, los Schleck, Sastre, Kohl, Valverde, Menchov, Vandevelde, Kreuziger y Samuel Sánchez.
Turno para la tercera caída. Completó el abanico. La de Pereiro fue en descenso; la masiva, en llano, y la de Menchov en plena subida. Justo cuando a cinco kilómetros de la cima se acababa de despegar de todos. Cuando ya les miraba a través de una curva de ventaja. Se levantó del suelo sin aspavientos. Es ruso. Engarzó la cadena de su bici y se reenganchó al grupo. Allí seguía Evans. Sufría a ritmo. Pegajoso como un imán. Pendiente sólo de Frank Schleck, el segundo en la general a apenas un segundo. Evans subió obsesionado por retener el maillot. Y Sastre lo aprovechó.
Sastre deja a Menchov
Su equipo, el CSC había convertido Prato Nevoso en un campo minado. Explotaban los rivales. Abulense, gesto melancólico, doliente. Escalador pata negra. Los alientos de los otros le parecían música. Los oía a todo volumen. Salió a por el sorprendente Kohl y con él llegó a la meta. Menchov se desconectó en ese kilómetro final -cedió 20 segundos a Sastre-. Unos metros más atrás, Frank Schleck desvestía por ocho segundos a Evans de su maillot amarillo. Emoción. El Tour abrió ayer una ventana en el muro del dopaje. Aire entre tantas caídas. Y falta una. La de Gerrans, ganador de la etapa.
El suyo es un accidente viejo. De cuando tenía 17 años y era piloto de motos. Así se partió una rodilla. Phil Anderson, su vecino y el primer australiano que vistió de amarillo en el Tour, le prestó una bici para la rehabilitación. Le gustó. Gerrans no vino a Europa para perder. Y ayer tuvo que provocar otra caída: engañó al navarro Egoi Martínez, su compañero de fuga. «Voy mal. No te voy a disputar la etapa», le repetía. Egoi cayó en el timo. La peor caída.
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