Padraig Harrington se convirtió ayer en el cuarto golfista de la época moderna en ganar dos ediciones consecutivas del Abierto Británico, siguiendo en la estela de Arnold Palmer, Lee Treviño, Tom Watson y Tiger Woods. Lo ganó con solidez y robando la ilusión extendida en los últimos días en el mundo del golf por una victoria de Greg Norman, a sus 53 años.
Ambos golfistas han hecho hincapié en sus declaraciones en hablar de la necesidad de olvidar la ansiedad cuando se compite en el golf y de pensar sólo en las minucias metódicas del presente. Aunque el discurso de Harrington es a veces confuso. Dice por ejemplo que para pensar en el presente, cuando ganó a Sergio García, el año pasado, el desempate en Carnoustie, saludaba al público imaginando en que aireaba ya en sus manos la jarra victoriosa.
No será Einstein, pero Harrington mostró ayer, en condiciones muy difíciles, una solidez que su rival nunca pudo emular y, cuando en el tramo final llegó al aspirante el momento de tomar riesgos, fue el campeón irlandés el que ejecutó el golf más osado. Fue una victoria sobria y certera de un golfista regular en las cuatro jornadas, que estuvo muy cerca de no poder participar por una lesión de muñeca. Y una nueva derrota, la séptima, de Norman, cuando salió liderando un grande en la última jornada.
El mal tiempo
El mal tiempo ha sido un protagonista destacado de este Británico. El jueves, los primeros en salir fueron sometidos al castigo de un temporal que cribó el cuadro. Ernie Els, por ejemplo, que cerró aquella jornada con +10, terminó ayer el torneo con +12. El azar del horario y del clima también jugó su papel. Pero la jornada de ayer, en un día tan ventoso como el sábado, fue especialmente enrevesada. Los golfistas describían vientos irregulares, que no permitían elección de hierros en función de la distancia, ni seguir tampoco la estrategia que Norman había descrito como ideal, concebir primero el golpe y consultar después la distancia.
Sólo cinco golfistas bajaron el par del campo -el ganador, Els, Karlsson, Poulter y Howell- y sólo el último por dos golpes. Es algo inusual en el último día de uno de los grandes torneos de golf, pero también es muy inusual que el cuadro de líderes esté encabezado por una tarjeta con 3 golpes sobre el par con el siguiente a +7.
El duelo entre el campeón del pasado año y el australiano se igualó muy pronto. Norman perdió el liderazgo de dos golpes que tenía el sábado en el tercer hoyo, donde repitió su 'bogey' en el primero. Marcó ya entonces el tono errático desde el 'tee'. Su insistente receta en que había que jugar 'sólido' pareció desertarle en la última hora. Pero aún así llegó al final de la primera vuelta por delante de Harrington.
El irlandés había comenzado con la solidez que quería Norman, pero, cuando era líder, en el 6, hizo tres 'bogeys' seguidos, que permitieron al australiano llegar con ventaja de un golpe al final del camino de ida. Pero, en el 10, Norman fue de lado a lado por la periferia de la calle y llegó al 'green' ya maltrecho. Harrington hizo el par. En el 11 y el 12 se repitió la historia, mientras el marcador traía noticia desde el 16 del avance caliente de Poulter. La batalla de la última pareja pareció sentenciada en el 13, donde el irlandés hizo 'birdie' con un 'putt' de unos cinco metros y Norman, 'bogey'.
El 'tiburón' australiano tenía que hacer algo especial para recuperar su desventaja de tres golpes. Salió del 'tee' del 14 directo al 'bunker' y de allí muy largo, mientras su rival dejaba a un palmo su 'putt' para 'birdie'. Si Norman no hubiese embocado un 'putt' fantástico, la batalla entre ellos hubiese quedado allí sentenciada. Poulter se enredó pero salvó el par en el 18 y dejó la marca de +7 en el club. Harrington, a quien su asesor psicológico, Bob Rotella, recomienda que no mire al marcador, quizás no sabía nada de todo eso. Pero vio a Norman salir de otro 'bunker', en el 15, para dejarse un 'putt' que le dio el primer 'birdie' del día. El líder también embocó.
Extravagancias
Tres hoyos para tres golpes de diferencia en la última pareja, tres para que Harrington no perdiera otro con respecto al par, mientras Poulter esperaba en el club. En el 16, el 'putt' de Norman se quedó corto. En el 17, el campeón cerró la batalla. Ni el australiano renacido ni el inglés de gusto vestimentario extravagante que esperaba en el club. Harrington salió del 'tee' al mismo centro de la calle y, desde allí, cogió una madera 5 y, arriesgándolo todo con pasmosa tranquilidad, la tiró al 'green' para darse una oportunidad de 'eagle'. Y embocó. Ya sólo quedaba el reconocimiento triunfal en el 18 al mejor, el primer europeo que gana el Británico en Birkdale.
Tras la eliminación de Jiménez, el viernes, y el recorrido desinteresado de ayer de Sergio García, que quedó, por segunda vez en siete años, fuera de los diez primeros de un Abierto Británico, la mejor noticia para el golf español ha sido posiblemente el debut de Larrazabal. Ayer, salió con 'bogeys' en los primeros hoyos, pero con un juego de 'putt' muy pobre y, en la segunda vuelta, se entregó a las circunstancias y, con un placentero 'birdie' en el 18, firmó una tarjeta con nueve por encima del par.