Elvira González es una de las fundadoras de la Asociación Derecho a Morir Dignamente de Álava. Desde hace ocho años, una de sus apuestas ha sido la de los testamentos vitales. La siembra ha sido efectiva y cada día cosecha más frutos. A su juicio, dejar por escrito cómo queremos que se nos trate en nuestros últimos momentos libera a las familias de decisiones difíciles. «Es un gran acto de amor», defiende. Otro gran reto de futuro de su colectivo es el de legalizar la eutanasia activa.
-Casi 800 alaveses han registrado ya su testamento vital. ¿Le parece una cifra buena o escasa?
-Si lo vemos desde el punto de vista del tiempo que llevamos intentando que esto forme parte de la sociedad tanto como el testamento económico, hay mucha desproporción, pero va avanzando. Claro, a quienes lo tenemos muy claro nos gustaría que fuera más rápido, porque nos parece fundamental. Deja ordenada toda tu fase final y libera a los familiares de unas decisiones muy duras.
_¿Qué es lo que nos retrae?
-Situarnos en el final de nuestra vida resulta un poco duro, no estamos acostumbrados. Parece que vivimos con la sensación de que vamos a ser eternos y no es así. Y hacer el documento exige reflexión, pensar en lo que quiero, en cómo lo voy a expresar, en cómo deseo que se me trate, en lo que no quiero que se me aplique...
-¿Y uno empieza a ver que caduca a partir de los 40, que es cuando más gente decide redactar su testamento vital?
-Es cuando empezamos a ver a nuestros mayores envejecer, a ver procesos de deterioro y eso igual nos puede intranquilizar más.
-¿Eso explica que sean las mujeres cuidadoras las que más se animan a dejar escritas sus últimas voluntades?
-Claro, es cuando vives la experiencia del sufrimiento de las personas o cuando tienes que enfrentarte en esa etapa final a tomar decisiones en pocos segundos sobre tratamientos que se tienen que aplicar. A veces ocurre que son varios familiares a los que les plantea determinado tratamiento y cada uno tiene sus principios. Eso crea un desgaste emocional, unos enfrentamientos y un sufrimiento que le hace decir a uno que no quiere que en su caso eso se repita. Quiere dejar claro lo que desea que le apliquen y que su familia no tenga pasar por esas situaciones tan duras. Cuando esa persona ya ha dejado testimonio de cuáles eran sus principios, los demás tienen que luchar por lo que ella quería.
-En ese sentido, este gesto no es muy diferente del de declararse donante de órganos.
-No. Además, en el documento de últimas voluntades puedes expresar temas como el de donar los órganos, dejar tu cuerpo para la Medicina, aunque lo importante es dejar claro qué tratamientos tipo reanimación cardiopulmonar, conexión a un respirador, hidratación artificial para prolongar la vida no quieres que te apliquen en situaciones extremas.
-Esto ayuda mucho a la familia.
-La persona elige cómo quiere que sea su final cuando ya no pueda expresarse verbalmente. Creo que es un gran acto de amor a la familia, porque la descargas de esa responsabilidad. Son cosas que generan mucho sufrimiento y muchos conflictos familiares.
-Ayuda también a los médicos.
-Sí, porque con un documento de últimas voluntades es el representante el que trata de que se cumplan. La responsabilidad no es de los médicos. Así, situaciones como la de la sedación de los pacientes del hospital de Leganés hubiese sido diferente.
-Conoce casos en Álava en los que se haya aplicado el testamento.
-Aquí no sabemos, pero sí en otras ciudades del Estado.
-¿Qué tal ha sido la experiencia?
-Sin ningún problema.
-Ustedes defienden además la eutanasia. ¿Cree que Zapatero se atreverá a legislar sobre el tema?
-Pienso que la sociedad está totalmente madura como para afrontar este tema, pero creo que lo de Zapatero no son más que cortinas de humo, no se lo va a plantear.