Gamarra ha culminado una ambiciosa reforma, que ha cambiado de imagen de sus piscinas y otras zonas recreativas del complejo. El mayor recinto deportivo de la capital alavesa, abierto desde hace un mes, se engalanó ayer con esmero para presentarse al público vitoriano en una jornada de puertas abiertas. El Ayuntamiento preparó láminas de agua y otros espacios lúdicos para una fiesta por todo lo alto que el mal tiempo deslució. Sólo los más pequeños osaron meterse en el agua y divertirse con los nuevos toboganes.
Así, a media mañana, mientras cientos de triatletas llegaban casi reventados a la meta, la zona de piscinas estaba casi vacía. Irene Beltrán, una asidua de Gamarra, optó por un día por descansar en una tumbona, porque «hace mucho frío para meterse al agua». Desde su atalaya horizontal veía a los valientes que probaban las nuevas piletas. La ermuarra Laura Rodríguez fue una. «El agua está bien de temperatura, pero al salir hace mucho frío», informó.
Las inundaciones del pasado mes afectaron al complejo, que aún presenta áreas de descanso embarradas. Ana María Delgado, socia desde hace años de las instalaciones municipales, fue en este sentido una de las más críticas con el estado del recinto. «Estamos pagando para nada, todo está a medias». Por contra, Ainara Mater, que acude desde Gernika dos veces al mes a Gamarra, dio el opase al césped y lo halló en «buenas condiciones» para el 'tumbing'.
Comparaciones
Yoli, Isidro y Ana, una cuadrilla de treintañeros que es habitual de las piscinas de Mendizorroza, aprovechó la jornada para hacer comparaciones. Los dos complejos municipales suspendieron a sus ojos. «Ninguno logra el aprobado. Tendrían que habernos bajado la cuota», reivindicó Yoli, en alusión al cierre de casi todas las piletas de Mendizorroza. Isidro fue más tajante. «Si las cosas siguen así, iremos a las piscinas de los pueblos».
Los tres amigos leían los periódicos del día. Y es que el Ayuntamiento tiene previstas actividades lúdicas al margen de las acuáticas para los ratos de siesta o para esos días en los que amenaza lluvia. Una de ellas es la bibliopiscina, con libros para todas las edades, prensa y revistas. «Hay madres que se acercan a por un cuento para sus hijos y aprovechan para coger alguna revista», comentó su responsable, Leire Atiega. La iniciativa está teniendo gran éxito. «El sábado registramos 70 préstamos», zanjó Atienza.