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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 28 agosto 2014

Cultura

XXXII Edición del Festival de Jazz de Vitoria

El veterano Sonny Rollins demostró estar en forma en un largo concierto con dos partes desiguales
20.07.08 -

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La sombra del Coloso
'El Coloso' del saxofón, Sonny Rollins. / JAVIER MINGUEZA
A veces, las cosas son así. Y el espectáculo debe continuar. Con estas frases pudo resumirse lo que pensaba el viernes por la tarde el joven pianista Yaron Herman, que padecía un problema de estómago antes de su actuación en el ciclo Jazz del Siglo XXI. Una vez en escena, el trío desarrolló el concepto musical del israelí, con numerosos elementos amalgamados. Como de costumbre en esta edición, en la que la unanimidad para valorar un concierto brilla por su ausencia, división de opiniones.
O casi. En Mendizorroza, la suerte estaba echada de antemano. En cuanto apareció en escena Sonny Rollins -camisa roja, pantalones blancos y sus sempiternas gafas oscuras- sucedió lo mismo que dos días atrás con Bebo Valdés: el pabellón estalló en aplausos al viejo maestro. Las piernas del saxo tenor apodado Newk, lamentablemente, han sufrido problemas de articulación en estos dos últimos años. Como contraste, los dedos, los pulmones y la cabeza del legendario jazzman mantienen un nivel que muchos treintañeros matarían por conseguir. Pero es que él es Sonny Rollins, 'El Coloso' del puente de Williamsburg.
Y comenzó la tónica de la noche, con 'They say it's wonderful'. Los largos solos de un fabuloso trombonista como Clifton Anderson o los interminables fraseos de un más que notable guitarrista como Bobby Broom convirtieron cada pieza en un extenso vehículo para la expresión de la banda. Sobre tal concepto -tal vez exagerado para los amantes de un jazz más contemporáneo- 'El Coloso' plasmó desarrollos ciclópeos con su saxo tenor.
De hecho, la sombra de un iluminado Rollins se proyectaba constantemente sobre las intervenciones de sus músicos, que en ocasiones parecían estar allí sólo para hacer de gregarios del saxofonista. Más de un oyente esperaba que volviera el potente sonido del tenor, mientras asistía a solos largos que lastraron el concierto, al estirar en exceso los ocho temas que ocuparon toda la noche en el pabellón.
'In a sentimental mood', 'Don't stop the Carnival'-lo más animado junto al último corte, una jam sobre un riff ostinato - o 'Where or When' compartieron la velada con 'Sonny, please' y 'Someday I'll find you', del más reciente cedé del veterano de Harlem, junto a fragmentos de melodías tan diversas como 'Doxy', el himno de la República Francesa o el 'Blue Moon'. Lo malo es que la excelencia no incluyera la novedad.
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