«Volveréis a oír hablar de mí», dijo tras una noche de vigilia en el calabozo de Mirepoix. Media hora después de declarar ante el fiscal de Foix y de quedar libre pero imputado por «uso de sustancias venenosas», Ricardo Riccò paró en una área de servicio de la autopista que le devolvía a Italia, a ninguna parte. Le conducía su novia, Vania Rossi. Allí le esperaban los micrófonos de la Rai: «Volveré todavía más fuerte», retó. «No me he dopado». Un frasco con su orina le desmiente. «Juro por la cabeza de mi madre que no hecho nada». Perjura, según el análisis antidopaje. Ni su equipo, el Saunier Duval, le cree. Le ha despedido. Y también a Piepoli, de quien ahora el conjunto español no se fía. ¿Será el anuncio de un segundo caso positivo en esta escuadra?
Palabra de reptil. La 'Cobra', le apodan. No ha entendido la repercusión de su positivo por EPO (recurrió a la CERA, una eritropoietina de efecto continuo) en la cuarta etapa de este Tour. El ciclismo no quiere un Riccò «más fuerte»; bastaba con que fuera más limpio. El fiscal, Antoine Leroy, comunicó que en el registro de la maleta del ciclista del Saunier no había productos dopantes, pero sí material médico para inyecciones: jeringas y catéteres. «No fueron utilizados», aclaró el fiscal. Pero son motivo, junto al positivo, para imputarle en un proceso que puede costarle hasta dos años de cárcel y 3.750 euros de multa. Le dejó libre, aunque con cargos y bajo vigilancia judicial, y le prohibió reunirse con cualquier miembro de su equipo.
«Kurt Cobain (líder del grupo 'Nirvana') se suicidó; Freddy Mercury ('Queen') murió de sida. Pero lo que importa es la música». La declaración es de Piepoli. Su filosofía: el éxito a cualquier precio. Buen epitafio para su suicicio deportivo. El escalador italiano, como su compañero Riccò, ha sido cuestionado por este Tour. Ayer ya no estaba en carrera. Su equipo, el Saunier Duval, abandonó el jueves la ronda gala, «por respeto a la imagen de los patrocinadores y del Tour».
Piepoli, de vuelta a su casa de Montecarlo, ya no está ni en el Saunier. La escuadra ha despedido a Piepoli y Riccò por «violar el código ético» interno. Riccò venía de ganar en Super Besse y en Bagneres de Bigorre; Piepoli, en Hautacam. «Lo que importa es la música», pensaron. Y no. Han convertido los Pirineos en una ópera bufa sin gracia alguna. Una farsa.
Tras Piepoli hay década y pico de ciclismo: 32 victorias, de ellas 21 en alto. Un tipo de altura. Ganó en Urkiola, Neila, El Redondal, Gourette, Cerler, Acebo, Naranco, Aitana, el Passo di Furzia, el Santuario de Nuestra Señora della Guardia y Hautacam. Todos esos triunfos, como los de Riccò, se ahogan ahora en una probeta de laboratorio. Al desagüe. Hautacam fue la última de sus cimas. El público, el patrimonio en piel del Tour, le aplaudió a rabiar. A Riccò, igual. ¿Se pueden devolver los aplausos? No. Son de aire. De verdad. En cambio, las exhibiciones de Riccò y, según cree el propio Saunier, las de Piepoli resultaron de mentira. Un engaño. Así lo reconoció Mauro Gianetti, mánager del equipo: «No he hablado con Riccò, pero sí con Leo (Piepoli). Y las respuestas que he recibido no son las que esperaba. No podemos confiar más en ellos». Amputados.
Deporte de ficción
La cadena 'France 2', la que emite la Grande Boucle, se frotaba las manos antes del nuevo escándalo: acumuló una media de 3,3 millones de espectadores en la primera semana, más que en 2007. El 35,5% de cuota de pantalla. En Hautacam logró reunir a 4,8 millones, el 42,3%. Casi la mitad de los franceses que veían esa tarde la 'tele' siguieron a Piepoli. Un deporte de ficción. Al final de esa etapa, France 2 tendría que haber rotulado en la pantalla eso de 'cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia'. Como los periódicos o la radios. «Lo importante es la música». Ya.
La Prensa francesa reaccionó ayer dolida por el 'caso Riccò': 'El error de un fanfarrón', titulaba 'L'Equipe' sobre el nuevo Pantani. 'Una historia sin fin', proseguía el diario deportivo. Otro lío, como el de Ramussen, Landis, Rumsas..., o Beltrán y Dueñas, atrapados en esta edición. «Como deporte, el ciclismo está muerto. Como espectáculo, aún corre. Igual que un pollo sin cabeza». Así comenzaba el editorial de 'Liberation', un periódico descreído. «Riccò no era un talento nuevo. Era una nueva manera de hacer trampa», continuaba el rotativo. Y acusaba también al entorno del deportista: «Detrás de cada maillot amarillo hay un médico marrón». Colores. 'Liberation' prefiere el negro. Luto: «El Tour ha muerto. Viva el circo de la bicicleta». Y Riccó amenaza con volver a la pista.