Diez días después de que la Caja Vital confirmara a este periódico que al menos once de los 220 empleados que trabajan en su nueva sede de Salburua padecían lipoatrofia semicircular -más conocida como 'enfermedad de la oficina'-, la entidad financiera ha decidido trasladar a los seis afectados «más notorios» a sus oficinas de la calle Independencia.
«La salud es lo primero. No queremos parcheos ni buscar una solución parcial. Queremos encontrar la causa para atajarla y, como eso lleva su tiempo, hemos procedido a trasladar a los afectados más notorios a las oficinas de la calle Independencia», explicaron ayer a EL CORREO fuentes de la entidad.
Entretanto, y con el objetivo de encontrar lo antes posible esa vía de solución, la entidad financiera ha contratado a una empresa especializada que, desde principios de semana, «está llevando a cabo mediciones constantes y diarias» del grado de humedad y de la energía estática acumulada.
Y es que, aunque la causa que provoca la lipoatrofia -una patología benigna que causa pérdida de masa muscular- se desconoce todavía con exactitud, los expertos sospechan que se produce por descargas de energía estática, muy presente en edificios llenos de ordenadores. «Si tenemos que tirar las sillas, las tiraremos y, si tenemos que cambiar el mobiliario entero, lo haremos», aseguraron estas mismas fuentes.
Si la semana pasada eran once los casos detectados, la Caja Vital admitió ayer que el número de afectados podría ascender ya a 32, como ha denunciado el sindicato LAB, minoritario en la asamblea.
Barcelona, el primer caso
«Por el momento, se han confirmado 17 y los otros 15 son todavía dudosos. Por ello, se les está sometiendo a pruebas constantes para confirmar o desmentir el diagnóstico».
El caso de la Caja Vital no es, ni mucho menos, el único. Numerosos trabajadores de inmuebles inteligentes han padecido lipoatrofia en España, pero se han recuperado sin necesidad de baja ni de un tratamiento especial.
El primer caso trascendió en marzo de 2006 en la sede de Gas Natural en Barcelona. Desde entonces, los diagnósticos fueron en cascada y se cuentan por centenares. En el País Vasco ha afectado, por ejemplo, a empleados de la Diputación guipuzcoana y de la consejería de Educación en San Sebastián.