
Imagen de archivo del Rey de Bélgica, Alberto II (i), junto al primer ministro, Yves Leterme. AFP
¿Qué quiere cada uno?
La falta de avances en la disputa en torno a Bruselas ha sido decisiva una vez más. La escisión del distrito electoral Bruselas-Halle-Vilvoorde enfrenta desde hace más de 40 años a las dos mayores comunidades del país, y se convirtió en junio de 2007 en una apuesta electoral para el partido de Leterme .
El hasta ahora primer ministro belga ganó las elecciones para el CD&V, después de 8 años en la oposición, merced a una coalición con los nacionalistas de la NV-A, que exigían a toda costa la escisión del distrito. El distrito BHV engloba a la capital del país y a 35 municipios de mayoría francófona de la periferia que están enclavados en Flandes, donde la única lengua oficial es el neerlandés.
Mientras en Flandes sólo se puede votar a listas flamencas y en Valonia a francófonas, los residentes de BHV pueden optar entre ambas, algo que los flamencos consideran una discriminación para otras zonas del país, por lo que exigen la escisión de este distrito, en el que viven muchos francófonos.
Los valones piden a cambio compensaciones en el acuerdo general, como ampliar el territorio de Bruselas -la tercera región autónoma, de estatuto bilingüe pero mayoritariamente francófona- o contar con un corredor que comunique Valonia con la capital, pero cualquier opción que implique ceder territorio a Valonia resulta inaceptable para los flamencos.
Vuelta a empezar en el Gobierno belga. El Rey Alberto II ha rechazado en un comunicado la
dimisión del primer ministro, Yves Leterme, y le ha pedido que continúe al frente del Ejecutivo. Leterme presentó por tercera vez su renuncia al cargo el pasado lunes por su "incapacidad" -según sus propias palabras- para superar las diferencias en su Gobierno entre las dos comunidades principales del país, valones y flamencos.
El Rey ha confiado a los ministros de Estado, François-Xavier de Donnea y Raymond Langendries, y al ministro de la Presidencia, Karl-Heinz Lambertz, la misión de examinar qué posibles garantías pueden ofrecerse para establecer un diálogo institucional "creíble". Según el comunicado oficial, los ministros han aceptado esta misión, y darán cuenta al Rey de sus resultados a finales de este mes.
Bélgica se encuentra de nuevo hundida en la crisis política con el nuevo intento de abandono de Leterme, democristiano flamenco, que ha sido incapaz de superar las diferencias "irreconciliables", según sus propias palabras, entre las dos comunidades principales del país, flamencos y francófonos.
Diferencias "irreconciliables"
La renuncia de Leterme hace dos días dejó a Bélgica en el bloqueo más total, apenas cuatro meses después de que el líder flamenco lograra formar a duras penas un gobierno de gran coalición. Con esta ya son tres los intentos de abandono del primer ministro, democristiano flamenco, tras las dos tentativas realizadas durante los nueve meses que tardó en formar gobierno, una vez ganadas las elecciones de junio de 2006.
Al igual que en la segunda ocasión, ahora las negociaciones parecían ir por el camino correcto tras cuatro meses de gobierno, ya que los cinco socios de la coalición (democristianos y liberales flamencos y francófonos, y socialistas francófonos) se pusieran de acuerdo sobre el presupuesto y un paquete socioeconómico plurianual, aunque no había conseguido avanzar en el terreno institucional.
Los partidos flamencos, y en primer lugar la formación del primer ministro, el CD&V, habían condicionado la supervivencia del Gobierno federal a la conclusión, antes del 15 de julio, de un acuerdo sobre una nueva descentralización del Estado, incluida la escisión del distrito electoral y judicial de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV).
Fracasa de nuevo la negociación
Casi sin tiempo, el primer ministro intentó una maniobra arriesgada, vincular a los presidentes de los ejecutivos regionales en las negociaciones para la reforma del Estado, que estaban siendo protagonizadas exclusivamente por los dirigentes de los principales partidos.
El objetivo era plantear una negociación "de comunidad a comunidad" como piden los flamencos, ganar tiempo como desean los francófonos, pero al mismo tiempo obligar a su principal rival en el campo flamenco, el también democristiano Kris Peeters, presidente del Gobierno de Flandes, a "mojarse" en la búsqueda de un compromiso nacional con los francófonos. Cuando quedó claro que el CD&V no secundaba la idea, Leterme propuso al Rey la dimisión de todo el Gobierno.