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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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VIZCAYA

17.07.08 -

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E l hombre contemporáneo es un animal desorientado en un bosque de siglas. Leemos las siglas PNC y no sabemos si se refieren al Partido Nacionalista Canario o a las pensiones no contributivas. En el primer caso ignoramos qué puede ser ese partido y nos da bastante miedo averiguarlo; en el segundo, nos suena que se trata de unas ayudas para personas que no pueden acceder al sistema profesional ni tampoco al contributivo.
Los receptores de estas prestaciones son en su mayoría ancianos, enfermos y discapacitados que no han cotizado lo suficiente como para recibir una pensión contributiva. En España hay cerca de medio millón de personas que cobran estas ayudas. De ellas, 3.500 viven en Vizcaya. Son los eslabones más débiles de nuestro variopinto entramado social. Si la situación de muchos pensionistas ya es mala, la suya es todavía peor: en los mejores casos, las pensiones no contributivas apenas superan los trescientos euros.
Sabemos ahora que la Diputación va a suspender estas ayudas en más de un centenar de casos. El motivo es que los beneficiarios no han presentado la documentación necesaria para renovar el cobro de la pensión. Al parecer, muchos de ellos reaccionarán en el momento en que detecten que no se les ha efectuado el ingreso. Como se sabe, hoy en día no basta con ser uno mismo, sino que además hay que hacerse cargo del papeleo que eso conlleva. Es probable que, de no tener quien les eche una mano, algunos de los pensionistas no puedan realizar solos las gestiones. En esos casos, la Administración debería ser flexible y facilitarles en lo posible la tarea.
También hay quien está ilocalizable y quien de pronto supera los ingresos mínimos y, en lugar de comunicarlo, se hace el sueco, tal vez en homenaje a los grandes logros de Suecia en el campo de la protección social. El último motivo que se nos ocurre para que los beneficiarios de estas ayudas no renueven la solicitud es el más infrecuente y también el más bonito. Lamentablemente, ya casi nadie conserva al bisabuelo disecado en la salita con la esperanza de seguir disfrutando de su pensión. Ya lo ven, los tiempos cambian y el país no deja de perder carácter.
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