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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

Oriente Próximo | Un canje desigual

La guerrilla libanesa entrega los restos de dos soldados hebreosa cambio de cinco prisioneros vivos y los cadáveres de otros 185

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La imagen de los dos ataúdes negros bajando de un todoterreno portados por los hombres de Hezbolá heló la sangre de los israelíes. La arrogancia del portavoz de la milicia chií, Wafik Safa, manteniendo hasta el último segundo la incertidumbre sobre la suerte de los soldados hebreos que estaba a punto de entregar muertos, sacudió de indignación al Estado judío. Y es que ayer, 734 días después de la guerra, se vio humillado y derrotado por segunda vez por la misma guerrilla a la que sin éxito combatió en el verano de 2006. Hezbolá (el Partido de Dios), más envalentonado que nunca, se dio en Beirut un dulce baño de victoria para festejar el alto precio pagado por sus enemigos a cambio de dos cadáveres: los restos de 185 «mártires» árabes, que cruzaron Líbano en un convoy triunfal, más cinco presos libaneses vivos, entre ellos el legendario Samir Kuntar, que fue recibido en el país del cedro con una guardia de honor a la altura de su condición de héroe paradigmático de la resistencia.
No hubo sorpresas. Las esperanzas de que los reservistas Ehud Goldwasser y Eldad Regev fueran devueltos con vida -mantenidas a duras penas por familiares y amigos, a pesar de las informaciones manejadas por el Mossad y la inteligencia militar israelíes-, se desvanecieron a los cuarenta minutos del inicio -nueve de la mañana- de la operación de intercambio. En directo, la televisión de Hezbolá lanzaba al mundo desde el lado libanés de la frontera de Rosh Hanikra la panorámica de los dos féretros pasando a manos del responsable de la Cruz Roja Internacional, poniendo con ello colofón de luto a dos años de espera.
Las primeras manifestaciones de dolor rabioso recorrían ya entonces Israel, donde muchas voces de ciudadanos se alzarían pidiendo revancha, e incluso propinar «un tiro en la cabeza» a Kuntar antes de su devolución. «Que quemen los cuerpos de los palestinos en las ambulancias antes de entregarlos», pedía abatida una madre desde Jerusalén. «Es el día más triste de este país, nos han tenido esperando hasta el final para conocer el destino de nuestros hijos», lloraba Simona Adda, vecina de la familia Regev en Kiriat Motzkin, mientras otros criticaban al primer ministro, Ehud Olmert, diciendo que los dos soldados habían muerto para nada.
Harían falta todavía casi cinco horas para que el rabinato militar, los cuerpos médicos y forenses certificaran positivamente la identidad de los dos militares, que harían oficial su fallecimiento. Cinco horas, en las que el abatimiento generalizado y las lágrimas de amargura se agravarían con los rumores de fiesta -y los lloros de alegría- llegados de Beirut, Ramala o Gaza.
Euforia contagiosa
Desde allí, desde la franja mediterránea, embriagado por el éxito de Hezbolá, el depuesto primer ministro islamista, Ismail Hanniya, anunciaba a media mañana un endurecimiento de las condiciones para la liberación del soldado judío Gilad Shalit, capturado por los suyos el 25 de julio de 2006, diecisiete días antes que Goldwasser y Regev. «Hay un soldado cautivo, miles de nuestros hijos están en prisión... queremos acabar con esto pronto, incluso antes que los israelíes, pero déjenles que conozcan nuestras peticiones», aventuraba eufórico el líder de Hamás, dando ya la razón a los servicios secretos hebreos, que hace semanas advirtieron de que el acuerdo de canje ejecutado ayer daría margen para más extorsiones con rehenes de por medio.
Hanniya felicitó a Hezbolá y ensalzó a Samir Kuntar como un «héroe nacionalista árabe». En la misma línea devota se expresaría también el presidente palestino, Mahmud Abbas, que por la mañana no dudó en enviar sus respetos a la familia del druso, liberado tras cumplir 30 de los 547 años a que fue condenado por el asesinato a sangre fría de una familia judía en 1979.
«Kuntar es un asesino brutal de niños, y cualquiera que le agasaje como un héroe está pisoteando la más básica decencia humana», replicaba como contestación a tanto homenaje el portavoz de Olmert, Mark Regev, una de las pocas voces oficiales que se alzó en Israel para intentar eclipsar el radiante entusiasmo de Hezbolá y los palestinos, aunque fuera a costa de afear la figura del llamado «monstruo de Nahariya», que su propio Gobierno acababa de poner en la calle.
Frustrado, vencido, el Estado israelí y sus ciudadanos enterrarán hoy a sus soldados -ayer en Rosh Hanikra no hubo ni honores militares por temor a atentados-, mientras Líbano seguirá celebrando el regreso a casa de mártires y presos idolatrados. La fiesta, se leía ayer en el rotativo 'Jerusalem Post', constituirá la «guinda del pastel» para Hezbolá, que transcurridos dos años de la guerra, ha logrado todo lo que Israel quiso evitar.
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