Spanair amenaza con convertirse en la Martinsa-Fadesa del sector aéreo. La segunda aerolínea de España, con una cuota de mercado del 25% y propiedad de la escandinava SAS, anunció ayer que, en un intento desesperado por mantenerse a flote, despedirá a 1.100 trabajadores, cancelará nueve rutas deficitarias y dejará en tierra quince aviones. El plan de ajuste dejó temblando a los sindicatos, que, aunque tenían asumido un recorte, no esperaban que fuera tan agresivo. SAS, que aspira a pactar la reestructuración, alegó que es la única forma de hacer frente a la mayor crisis desde el 11-S, causada por la escalada del petróleo, que supone cerca de un 35% de los costes, y la feroz competencia. La compañía prevé ahorrar con este programa 90 millones de euros el próximo año.
Era más que seguro que Spanair -que perdió 40 millones de euros en el primer trimestre- tenía que recortar por algún lado. La única duda era el tamaño del tijeretazo, y ahora ya se conoce. El programa que los escandinavos han traído bajo el brazo supone poner en la calle a uno de cada tres trabajadores de los 3.800 con que cuenta la aerolínea. De los 1.100 despedidos, 900 serán personal con contrato a tiempo completo y el resto, eventuales. «Un verdadero palo», según confesaron varios empleados de la compañía.
Marcus Hedblom, director general de Spanair, fue el encargado de explicar las grandes líneas del plan de ajuste al comité de empresa. Un programa que está por definir, pues no se sabe aún el reparto de los despidos. Lo lógico es que el mayor impacto recaiga sobre Palma de Mallorca, donde la aerolínea tiene su sede central y emplea a 1.200 personas. Por ahora, lo único definido son las rutas que Spanair dejará de volar. Serán las que unen Madrid con Viena, Munich, Gerona, San Sebastián, Granada y Oviedo, así como la que enlaza Barcelona con Zurich y las Bilbao-Málaga y Bilbao-Jerez.
El gran ahorro, no obstante, vendrá de los quince aviones que a lo largo de septiembre y octubre se irán quedando en los hangares. Aún con este recorte, la aerolínea operará el 80% de su red, con 260 vuelos diarios a 48 destinos.
Críticas a la gestión
Hedblom afirmó sentirse «orgulloso» de comprobar que en un entorno tan difícil «Spanair es capaz de liderar la estrategia para regular el exceso de capacidad que aqueja al mercado, manteniendo su posición en el mercado español».
Algo que no sentó demasiado bien a algunos sindicatos, desde donde se escucharon voces muy críticas con la gestión de los escandinavos. «No veo que hagan autocrítica ni se despidan a sí mismos, al fin y al cabo estamos donde estamos por una mala gestión comercial», señaló un piloto. El presidente del comité de empresa, Jordi Mauri, indicó que, en la negociación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE), pedirá que los despidos se traduzcan en «bajas incentivadas, jubilaciones y reducciones de jornada» con el fin de que sean «menos traumáticos».
SAS ha mantenido en Spanair un rumbo incierto y claramente a la deriva durante los últimos tiempos. En junio, los escandinavos anunciaron que ponían a la venta su filial española. Antes de eso, Gonzalo Pascual -que fundó la aerolínea hace veinte años, junto Gerardo Díaz Ferrán- vendió a la matriz el 5% que conservaba en la compañía, en un movimiento que sorprendió al mercado, pues tanto SAS como Pascual dieron a entender que Marsans sería el nuevo dueño de la compañía.
Algo sucedió entre las dos partes, cuyas relaciones se enfriaron hasta la congelación. Y entró en escena Iberia, que ofreció asumir los 90 millones de euros de deuda de Spanair y pagar otros 200 por la totalidad de la compañía. SAS se hizo de rogar y prefirió jugar al mejor postor, y apareció entonces una oferta 'fantasma' liderada por Gadair. Al tiempo, Iberia ideó la fusión Vueling-Clickair y, sabedora de que Competencia no le autorizaría las dos operaciones, decidió centrarse en la primera y abandonar Spanair. Y SAS se quedó compuesta y sin comprador. Ahora, la escandinava se enfrenta a ingrata tarea de sanear Spanair con la única esperanza de que no desaparezca, engullida por el alza del crudo.