Figura del jazz latino, líder de orquesta, arreglista y compositor, elegante pianista y referencia en la historia musical cubana. Así se puede resumir la amplia trayectoria del pianista cubano Bebo Valdés, que sumará 90 años el próximo 9 de octubre. Relanzado en la pasada década con el disco 'Bebo Rides Again' (con Paquito D'Rivera) o iniciativas de Fernando Trueba como 'Calle 54' o 'Lágrimas negras' (junto a El Cigala), actuará hoy en Mendizorroza junto al piano «número uno del mundo», su hijo Chucho.
-¿Cómo han planteado su actuación juntos?
-Hace ya unos meses, tuve un problema: por poco me parto la muñeca en una caída. Vivo en Suecia, donde hace mucho frío, y pisé en nieve, que tenía hielo debajo, y me resbalé. Chucho me dijo que para que cogiera fuerzas, tocara unos conciertos. Y aquí estamos. También haré algo que llaman 'Sonido piano solo', con Trueba.
-¿Han decidido qué temas harán?
-Hemos hecho muchos juntos, pero aquí yo tengo lo mío y Chucho, lo de él. También estará mi hija Mayra. Chucho es un genio. Y es mi hijo, pero -se lo digo como si no lo fuera- es el pianista más completo que existe hoy. Puede tocar cualquier cosa cuando quiera. Es el mejor, el número uno.
-Chucho me hablaba también de la siguiente generación, como su nieta Leyani...
-Tocamos un concierto a tres pianos, en Canarias. En concreto, en Tenerife. Fue cuando ella salió de su conservatorio. Pero mi otra hija, Miriam, es -según muchos músicos- la mejor maestra de piano que hay en Cuba, especializada en uno de los compositores más difíciles de tocar: Juan Sebastián Bach.
-¿Alguna vez echa de menos la época dorada de las orquestas?
-Sí, pero en la vida todo cambia. Es normal. Hacia 1870, Antonio María Romeu había creado el danzón, por ejemplo. Pero ya antes, cuando entraron los negros por Santiago de Cuba en el siglo XIX y trajeron sus ritmos salieron muchas cosas. Y luego, cada diez años aproximadamente, van saliendo ritmos nuevos y cambian las generaciones y los géneros. La gente también baila de otra forma.
-Dicen que el escenario engancha. ¿Sentía la abstinencia cuando se fue a vivir a Suecia?
-No. Aunque yo estuve en la orquesta del Tropicana, y allá iban de todo el mundo: españoles, franceses, rusos, americanos del sur y del norte... Era algo muy internacional.
-Supongo que el cambio fue muy grande.
-Mire, a principios de los 60, estuve trabajando con Lucho Gatica y luego tuve que ir a Helsinki. Conocí a la que hoy es mi esposa, me enamoré y me casé el 1 de diciembre de 1963. Y pasé mi luna de miel en Madrid. Luego, tuve hijos... y toqué diez años en un bar, pero había perdido a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, y no podía volver a Cuba.
El regreso
-Fue en los 90 cuando regresó, con 'Bebo Rides Again', con Paquito D'Rivera, y luego, empezó con Fernando Trueba. ¿Les está agradecido?
-Sí, mucho. Pero es que el padre de Paquito y yo éramos amigos. Tocaba saxofón y era un jefe del Ejército. Paquito nació en 1948 y hacia el 80 le aconsejé que se fuera a Boston, al conservatorio, para que se buscara un trabajo, unos ingresos fijos. Y años más tarde me dijo 'mi padre se murió, pero me queda otro' y me animó a hacer el disco.
-¿Tenía material preparado?
-No tenía ni un número, pero tengo fama de hacer los arreglos rápido. Tenía ideas, pero nada escrito. La primera noche hice cuatro arreglos y la segunda, otros cuatro.
-¿Quién le apodó 'Caballón'?
-Fue 'Chocolate' (Alfredo Armenteros, trompeta). Cuando tenía 18 años, yo era grande y pesaba cerca de 100 kilos. Hacía deporte, y no fumo ni tomo. En la familia de mi padre somos así.