El planeta Tierra tiene desde ayer una nueva reina de la belleza, Dayana Mendoza, nacida en Venezuela. Este país de revolucionarios, petróleo y chicas guapas ha conseguido gracias a ella su quinta corona en el concurso de Miss Universo, el más internacional y famoso, aunque el certamen paralelo de Miss Mundo, el hermano pobre, también ha tenido por cinco veces a una ganadora venezolana. Hay que sumar, además, las incontables ocasiones en las que se han hecho con los puestos de dama de honor en estas citas; por no hablar de las que han triunfado en concursos de nombres como Miss Piel Canela, Señorita Independencia de América, Madre e Hija Internacional, Reinado Mundial del Café, Miss Blonde International, Miss Mesoamérica, Sirena de la Atlántida...
No es de extrañar pues que cada vez que se hable de una venezolana la imagen que acuda a la cabeza sea la de una chica espigada de culo en pompa, caderas contenidas, vientre liso, pechos desafiantes, altos pómulos, labios rellenos, recta nariz, melena frondosa y una maravillosa combinación de piel oscura y ojos claros. ¿Se puede pedir más?
Parece que sí, porque lo que no ha podido la allí más sabia madre Naturaleza con la mezcolanza de indios, negros y europeos lo viene a resolver la madre cirugía estética. De hecho, es el propio certamen de Miss Venezuela el que paga las operaciones necesarias para que sus 'niñas', como en estos concursos gustan de llamar a las aspirantes, luzcan tan bonitas. El presidente de la organización se llama Osmel Sousa y parece ser el responsable de todos estos éxitos. Le llaman el 'fabricante de reinas' y por algo será. Así cuenta cómo descubrió a la primera Miss Universo de su país, Maritza Sayalero, que le fue presentada por un periodista: «Vi a una mujer con una nariz fea, poco pelo y demasiado tapada». Luego explica -y, la verdad, da un poco de miedo- cómo intuyó que había algo detrás de aquel desastre; se la llevó al baño de la redacción del periódico... «Le dije que se quitara la ropa y descubrí a una mujer despampanante». Le hizo operarse de la nariz, le puso un postizo y la convirtió en 1979 en su primera reina de la belleza universal. De este modo empieza la historia de la fábrica de misses venezolana.
Cirugía pagada
En España conocemos a Veruska Ramírez porque participó en el programa 'La selva de los famosos' en 2004. Su popularidad se remite a que fue elegida Miss Venezuela en 1997 y quedó segunda en el certamen universal del año siguiente. «Y fui elegido el mejor cuerpo de la historia del concurso con una puntuación de 9,85 que aún no ha sido superada», puntualiza. Ayer se mostraba así de contenta por el nuevo triunfo de su país: «Llevábamos doce años sin ganar, estoy muy feliz». A la pregunta de por qué hay tanta presencia venezolana en este tipo de citas alude a la mezcla: «Vinieron en la posguerra muchos inmigrantes españoles, italianos y portugueses, por eso hay tanto moreno de ojos claros. En mi caso, mi mamá es venezolana, mi padre italiano, y mis abuelos colombianos».
También es importante una educación que en las chicas fomenta la coquetería y el culto al cuerpo: «Nos gusta mucho mimarnos, cuidarnos, estar bellas». ¿Y la cirugía? «Nos han encasillado como que somos las operadas, pero no es cierto, cuando uno ve tantas mujeres guapas siempre busca excusas para quitar méritos». Aunque a ella la organización de Miss Venezuela le regaló un aumento de pecho y una rinoplastia para embellecer su nariz. «Pero no obligan a nadie y la cirugía es lo mejor para todas aquellas personas que están a disgusto. Yo fui muy feliz cuando me operaron».
No deja de ser curioso que el certamen del país americano tenga a un cirujano oficial en nómina, Daniel Slobodianik, quien ha reconocido en alguna ocasión que el auge que experimenta allí la cirugía está motivado por la cantidad de venezolanas que triunfan en concursos de belleza por todo el mundo. Su colega de profesión Aldo Díaz Aponte, cirujano de la clínica Bello Monte de Caracas, contesta a EL CORREO y no se atreve a secundar la leyenda urbana que dice que la organización de Miss Venezuela es la que obliga a las chicas a operarse de tal o cual cosa: «Yo no lo creo, quizás puedan sugerirles que se retoquen o que se hagan éste u otro procedimiento, pero no más».
Díaz Aponte empezó en esto reconstruyendo las caras destrozadas de veteranos de la guerra del Vietnam, y ahora es un reconocido especialista en operaciones de belleza. «Por aquí vienen muchas chicas que quieren ser misses y que desean arreglarse pequeños detalles, aumento de mamas, la nariz, lipoescultura para tener las medidas adecuadas... Pero el secreto del éxito está en operar a gente bonita, porque es muy difícil transformar a gente que no sea bella».
Pequeñas modelos
¿Cualquier cosa por tener una miss más? «No se trata de transformarlas hasta hacerlas más bellas que las demás y que así ganen los concursos. Hemos tenido cinco Miss Universo y sólo una estaba operada de la nariz, así que eso hace una proporción del 20% de operadas. Y la cirugía no es pecado», asegura el doctor. Informa, además, de que no hace falta recurrir al bisturí en el caso de las infiltraciones para pómulos y labios, precisamente algunos de los rasgos que dan a las venezolanas ese aire familiar que las hace tan parecidas en algunos casos.
No hay que dudar de que el mestizaje ha hecho maravillas allí, tampoco se puede olvidar el hecho de que Venezuela, con 30.000 pares de implantes mamarios al año como botón de muestra, es el segundo país del mundo en operaciones de estética, por detrás de Brasil y delante de EE UU. Claro que España se sitúa ya cuarta en este ránking (primer puesto de la UE) y hasta ahora sólo ha llegado a lo más alto Amparo Muñoz. Así que tiene que haber algo más.
Es llamativo el hecho de que existan allí -también en EE UU- concursos como el Pequeña Modelo de Venezuela, que premian la belleza de niñas que aún quedan muy lejos de la adolescencia y a las que da pena ver en bikini dorado, con sus zapatos de tacón y sus caritas repintadas. Veruska Ramírez, sin embargo, niega la mayor: «Es mentira que allí todas las niñas sueñen con ser misses, es un tópico que siempre nos cargan, está claro que no todas podemos ser modelos o empresarias. Pero es un mito lo de las niñas, ellas hablan con los padres y ellos les explican cómo es la realidad».
«Zigzagueando»
Mientras, pequeñas de 5 años se entrenan en dicción y movimientos en la pasarela en la escuela de modelos de Caracas Garbo & Class. Su fundadora, Alba Achique, negaba en una entrevista que allí enseñen a las niñas a valorar la apariencia sobre el intelecto y asegura que la belleza es una carrera tan atractiva como cualquier otra. «Aquí las preparamos para la vida...», dice.
Esas niñas crecerán y se encontrarán con la realidad de su país y de muchos otros. El cirujano plástico Aldo Díaz Aponte admite que «en los casinos, en los programas de televisión triunfan las mujeres hermosas, voluptuosas... No cabe duda de que las cogen por su belleza y, por supuesto, eso lo saben las jóvenes. Y hay que reconocer en todo esto la influencia masculina». Dice que en su consulta ha visto «de todo». «Hombres que vienen con las medidas que quieren para su mujer escritas en un papel...».
Quizás la respuesta a todo esto la dio Dayana Mendoza, la actual Miss Universo, cuando le preguntaron en el concurso por la diferencia entre hombres y mujeres: «Los hombres piensan que el camino más rápido entre un punto y otro es la línea recta. Las mujeres saben que la forma más rápida de llegar a la meta es zigzagueando».