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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

BACHAR AL-ASAD

La estabilidad de Oriente Próximo depende de un oftalmólogo sin ninguna vocación política

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Un presidente accidental
Al-Asad, primero por la izquierda, da la espalda a Ehud Olmert. / AP
La vocación de juventud del aplicado, introvertido y perfecto segundón Bachar al-Asad era la de combatir el glaucoma, mal endémico en Siria, desde la especialidad de Médico Oftalmólogo en la que se formó. Pero un giro del destino torcería sus planes, exigiéndole que hiciera por su país algo más que cuidar de la salud ocular de sus compatriotas. Fue el 21 de enero de 1994, el día en que su hermano mayor Basel, -el delfín llamado a la sucesión-, fallecía en un accidente de tráfico, y el ya viejo dictador Hafed Al-Asad descolgó el teléfono para ordenar a Bachar, tercero de sus cinco hijos, que dejara inmediatamente su plácida vida de estudiante anónimo en Londres para prepararse a ser el futuro presidente de Siria y jefe del partido único Baas.
Completo desconocido en Damasco, sin el carisma o la autoridad de su malogrado hermano ni tampoco la astucia de su padre, al tímido científico le sobrevino un adoctrinamiento a marchas forzadas en lo político y en lo militar. Ningún responsable del Ejército, de los numerosos cuerpos policiales y de los Servicios Secretos en los que se fundaba el régimen que iba a heredar hubieran aceptado a un civil como superior suyo y líder de Siria, por lo que Bachar empezó a acumular despachos y galones en una sucesión frenética de cursos, tan acelerados que rayaron lo rocambolesco. En apenas cinco años, en 1999, la Escuela Militar de Homs le promovería a coronel del Ejército. Y una hábil campaña de imagen le granjearía gran popularidad, sobre todo entre los jóvenes, fascinados por el amable perfil de 'yuppie' aficionado a las tecnologías del tercer hijo del presidente.
Para entonces, el candidato por accidente ya estaba sumergido en la gestión del «protectorado de hecho» que era Líbano, donde Damasco mantenía 35.000 soldados, e implicado, junto a su padre, en la «limpieza general» de oficiales díscolos o sospechosos de corrupción, amén de otros elementos incómodos. Léase su tío Rifat al-Asad, que hasta su exilio en España reclamaría para sí la sucesión de la «dinastía republicana de Siria», -primera en el mundo árabe-, reprochando la falta de experiencia y mando de su sobrino.
La hora de la verdad para Bachar al-Asad le llegaría a los 34 años, con la muerte del «viejo león de Lataquia» el 10 de junio de 2000. Cinco semanas más tarde, sería confirmado presidente de la República de As-Suria (Siria) en un referéndum popular con el 92% de los votos a favor..
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