-¿Ha soñado estos días con gaviotas o con halcones?
-(Sonríe). He tenido pesadillas, preocupaciones... He tenido mucho marrón. Pero, al final, las decisiones que he adoptado, y así me lo decía gente de mi confianza, van por el camino de la unidad y de que los principios sean mayoritariamente comprendidos.
-Estos días se le ha visto sosegado, yendo en moto a la sede de su partido y con las 'camper' como calzado. Cuando menos se lo esperaba, tuvo que hacer equilibrios por la designación de Oyarzábal como 'número dos', impuesto por Álava. ¿Ha sido ese el momento más duro?
-He tenido dos momentos muy difíciles. Cuando Alonso y Usandizaga me proponen que dé el paso adelante. Y tengo mis dudas y no cuento con el apoyo de toda mi familia. Pero ha sido más duro el del día antes del congreso. Estaba volcado en que hacía falta contar con todos. Había gente que no lo compartía.
-¿Antes de que le propusieran la posibilidad de saltar a la primera línea de la política, pensaba más en otra responsabilidad más cómoda tras su paso por el Ayuntamiento?
-Pensaba en una situación más cómoda, en que mis hijas pudieran tener un futuro más tranquilo... Pero al final he dado el paso porque me he metido en política para cambiar las cosas y aún queda mucho trabajo por hacer.
-¿Se ha dejado muchos pelos en la gatera a la hora de confeccionar el equipo e incluir a Oyarzábal como secretario general? En el Ayuntamiento de Bilbao no suele comulgar con ruedas de molino.
-La pregunta de fondo es Iñaki Oyarzábal. Y quiero decir que ha habido absoluto consenso en las personas de mi alrededor de estar con él. Es una persona absolutamente capacitada. Ha sido secretario general del partido de gobierno en Álava. Nadie como él tiene un currículum tan brillante en lo que a mí me gusta, como son los temas sociales y la política lingüística. La confianza que le ha dado este partido no la va a defraudar.
-¿El roce hará el cariño? Alfonso Alonso pidió «recuperar el camino de la cohesión y la amistad».
-Sí. Ese camino ya está recuperado con el resultado del congreso, con un PP más fuerte, con el apoyo que se me da para hacer las cosas a mi manera... Arreglado.
-Toca hablar de María San Gil. ¿Con qué se queda de su legado?
-Con muchas cosas. Con su cariño hacia los cargos públicos, su intento de acercar el PP a los vascos, porque es una persona que se mueve en política por convicciones, y yo siempre me dejaré la vida por la gente que hace lo que cree y se cree lo que dice.
-¿Y con qué no se queda?
-No he podido compartir muchas cosas con ella porque no la he conocido lo suficiente.
-¿Se refiere a su portazo?
-No. Yo a María siempre le tendré afecto personal y respeto político.
-Ella misma ha escenificado el fin de una etapa porque ni siquiera ha ido al congreso de su sucesión.
-Bueno, pero hay que entenderla. Ha sido todo muy convulso. Ahora toca que tenga todo nuestro cariño y no voy a consentir que nadie le toque un pelo a María San Gil. Nos toca mirar hacia delante.
-¿Le ha felicitado? Es que incluso se despidió de Ibarretxe por el telefonillo del Parlamento.
-... Sí. Me ha deseado suerte.
-Ha nombrado a cinco mujeres en puestos claves de la ejecutiva y quería incluso situar a más.
-Esto responde a que las mejores personas deben estar en esos sitios. Las mujeres de este partido pitan y van para arriba. No es por cuota ni imagen. Los hombres tendremos que pedir en el PP una ley de igualdad para que nos dejen un hueco.
-¿Cuánto va a echar de menos en el Ayuntamiento de Bilbao?
-Toda mi vida política la he hecho allí. Me siguen preocupando los barrios, las páginas de local de los periódicos. Es muy curioso. Cuando voy a algún sitio del País Vasco la gente no me dice: 'hombre, el del PP'. No. Me dicen: 'el de Bilbao'.