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Cultura

XXXII Edición del Festival de Jazz de Vitoria

El 'picnic' de Nueva Orleans dio el pistoletazo de salida el festival en un concierto que se trasladóde las campas de Armentia a Mendizorroza para evitar la lluvia
14.07.08 -

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«Es el regalo del Festival de Jazz a la ciudad». Así lo define el director del ciclo musical, Iñaki Añua, y lo cierto es que, por sexto año consecutivo, la propuesta inaugural del certamen jazzístico de Vitoria -un picnic al son de la Steamboat Jazz Band, acompañada del doctor Michael White, y de los italianos Funk Off- sedujo a un público generoso, aunque, por lo general, poco fanático.
Poco importó que las malas previsiones meteorológicas, que anunciaban máximas de 18 grados para la tarde de ayer, obligaran a cambiar el cielo abierto de las campas de Armentia por el techo del polideportivo de Mendizorroza. «Para ir con críos es mucho mejor Armentia. Es una pena, pero qué le vamos a hacer. Lo más importante es pasar un rato divertido». Ni Kiko Betoño, ni Ana Sosoaga son grandes aficionados al jazz, pero el picnic de Nueva Orleans no está pensado, ni para entendidos, ni para eruditos. «Es una buena oportunidad para hacer algo diferente en una ciudad que, de costumbre, no ofrece grandes alternativas», apuntaba también Nekane Martínez.
De ahí que, la opción de darse una vuelta por Mendizorroza fuera ayer la más solicitada. De antemano, el 'picnic' de Nueva Orleans prometía ser uno de los más divertidos. Y también uno de los más heterodoxos, gracias a la Steamboat Jazz Band, fiel al más ortodoxo estilo de orillas del Mississippi. Junto a ella, uno de los más grandes embajadores de la esencia original de Nueva Orleans: el 'doctor' Michael White.
Fiesta funky
Tras ellos hicieron su aparición en el escenario los quince miembros de Funk Off. Quince italianos con un sentido apabullante del ritmo que se definen a sí mismos como «la única e incomparable marchin' band de música funky». De Nueva Orleans han captado el sentido lúdico de la música y la capacidad para conectar con el público a pie de calle. O a pie de pista, en este caso. Y es que, dispuestos a saltarse cualquier canon, los italianos de Funk Off son puro espectáculo. Y ayer no iba a ser diferente. Saltaron, bailaron, se movieron sin parar, implicaron al público y le hicieron vibrar.
Incluso a quienes antes de empezar los conciertos no las tenían todas consigo. «A mí el jazz no me mata, pero como mi amiga no tenía a nadie con quien venir la he acompañado y estoy disfrutando como una enana», admitía Enara Castilla desde la parte trasera de la cancha polideportiva, reconvertida en una improvisada pista de baile. Y es que a pesar de la inevitable pérdida de ambiente o fiesta campestre, quizá el polideportivo ofreció una ventaja. La mayoría del personal aguantó hasta el final. Y llegó a pedir un 'bis' a los italianos. Que, por supuesto, volvieron a salir.
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