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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

TIENEN UN CRÍO CON SÍNDROME DE DOWN

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«El niño nos ha vuelto majaras a los dos»
Lucas y Faly, con el pequeño Daniel, que vive con ellos desde los 16 meses y ya ha cumplido seis años. / ANTÓN MERES
Daniel vive en Algeciras con su familia y quiere ser torero. No le falta carácter: tiene planta de campeón infantil de natación y los demás niños le siguen como corderitos. Ha cumplido seis años y «es un resalado», dicen sus padres con orgullo. Lucas asegura que es «igualito» a él: «Ha salido cabezota, camina como yo y hasta dormidito se parece a mí». Y el otro padre, Faly, no tiene nada que objetar; hay razones que sólo el corazón entiende. Daniel es adoptado, nació con síndrome de Down y desde que entró en sus vidas «nos ha vuelto majaras a los dos», admiten al unísono. Y eso ya se los había advertido la madre de Lucas: «Hijos, que cuando se tiene un crío, ya nada es igual....».
Pero no había vuelta atrás. Lucas deseaba con toda su alma volcarse en el cuidado de una criatura. «Y ofrecerle lo mejor hasta el final de mis días». Por eso acabó casándose con Faly, su pareja desde los 19 años: era la vía más rápida para resolver «todo el papeleo» de la adopción de Daniel. Desde los 16 meses lo habían tenido en acogida y no les cabía en la cabeza tener que separarse de él. «Fue visto y no visto. Se modificó el Código Civil en julio de 2005 y en septiembre nos fuimos al juzgado de paz de Tarifa. ¡Y nada de 'bodorrio'! Comimos en un restaurante con la familia y ya está», recuerda Faly.
El pequeño es hijo de ambos desde agosto del año pasado, se llama Daniel Castillo Carrasco y cuando se pasea por la finca de sus padres en Ronda, parece una versión 'mini' de José Tomás, dueño y señor de sus dominios. «Ay, le encanta, le encanta José Tomás. Lo malo es que sea un torero que se arrima tanto». Pero, qué se le va a hacer, al chavalín no le apetece ser estilista como Faly, o seguir los pasos de Lucas, que es auxiliar de enfermería. «Daniel será un hombre independiente, con sus virtudes y limitaciones. Y le ayudaremos en todo lo que podamos», dejan claro sus padres.
Un mundo distinto
Siempre quisieron un crío con síndrome de Down. Nunca tuvieron dudas ni miedos. «Las personas como Daniel viven en un mundo distinto al nuestro. Pero también muy valioso. No hay más que hacer el esfuerzo y entrar en él. Nosotros lo hemos hecho y, de verdad, es lo mejor que nos ha pasado. Es nuestro hijo. Un hijo. ¿Tiene usted hijos? Es algo grande. Tan grande...», repite Lucas muy serio. Ahora están inmersos en la adopción de una niña «aunque, ay, no le haga demasiada ilusión a Daniel». Es que dejar de ser el rey de la casa siempre resulta duro.
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