MÚSICA
El negocio de la Bruni
No es que el último disco de Carla Bruni desate tanta expectación comercial como el iPhone de Apple, pero la verdad es que la inquilina del Eliseo se ha convertido por cuestiones ajenas a la música en un reclamo andante del 'merchandising' discográfico. Un indudable mérito, en todo caso, puesto que en los tiempos que corren las discográficas no están ni mucho menos para preguntar al mercado sobre el origen de la decisión de compra.
Además, no es ningún desdoro decir que su música merece algo más de respeto que el interés exclusivo derivado del morbo político y rosa, ya que su trabajo discográfico no es nuevo ni prescindible. Es más, la Bruni hace unas baladas íntimas muy en la línea de los mejores tiempos de la 'chanson' francesa, manteniendo el estilo de los 60, aportando unos toques de guitarra folk y una voz susurrante, además de introducir cierta cultura poética en las letras y de beneficiarse de unos medios tan suficientes como para costear unas excelentes orquestaciones.
Un producto perfectamente asimilable en un mercado musical deprimido, donde ni es fácil encontrar materia fresca, ni tampoco genios que sorprendan mucho más de lo necesario. No pasará a la historia de la música el último trabajo de la Bruni como una obra maestra, en definitiva, pero sí como un producto comercial y rentable que se ha beneficiado más del morbo y de la curiosidad cotilla que de la música o de un talento musical en su autora que es real y cierto.
GUGGENHEIM
Reciprocidad ante todo
Está claro que la idea de implantar un nuevo museo Guggenheim en la reserva del Urdaibai goza forzosamente de todos los parabienes de los socios norteamericanos. Y no lo digo sólo porque Thomas Krens afirme 'urbi et orbe' que la idea es formidable, sino también porque la fundación Solomon R. Guggenheim no tendría más remedio que dar su consentimiento al nuevo proyecto, aunque no le gustara ni un ápice del mismo.
Me explico. Según los acuerdos alcanzados a finales de 1991 y rubricados en febrero de 1992 por la fundación neoyorquina y las instituciones vascas, existe un compromiso de reciprocidad en la autorización para la instalación en Europa de cualquier institución museística que lleve la marca Guggenheim. De tal manera, sería lacerante que desde Nueva York se opusieran al proyecto del Urdaibai anunciado por los socios vascos, cuando estos últimos no han puesto ningún impedimento a los acuerdos alcanzados por los norteamericanos con las autoridades de la ciudad lituana de Vilnius.
De hecho, ni siquiera se ha puesto encima de la mesa la exigencia de un 'quid pro quo' a la hora de analizar ambas cuestiones, probablemente porque el proyecto es bueno y porque las relaciones entre las partes son fluidas y amistosas. De tal manera, lo mismo que sigue su curso el proyecto Guggenheim-Hermitage diseñado por Zaha Hadid para Vilnius, también hará lo propio el de Urdaibai. Otra cosa es, claro, que según los acuerdos de gestión firmados en 1994 los americanos tendrán voz y voto en aspectos técnicos tan fundamentales como la programación y los contenidos del futuro museo.
MODA
Adaptarse o morir
Ya se sabe que las viejas marcas y los grandes maestros de la moda tienen ante sí el mayor reto de su historia: adaptarse a las nuevas sociologías del consumo o morir en el intento. Adaptarse, sí, pero manteniendo la tradición y la singularidad de la industria del lujo. ¿Cómo se consigue eso? Pues sencillamente con las nuevas tecnologías.
Fíjense que la mítica Maison Dior vende ahora como churros sus complementos a través de su portal de Internet, cuando hasta hace no mucho tiempo era obligado cumplir con el rito de la visita en vivo a cualquiera de sus tiendas. También la venerable marca Louis Vuitton ha dado un paso adelante en esa estrategia, lanzando desde su portal para la descarga por tan sólo 12 euros unas guías sonoras de ciudades como Shanghai, Hong Kong y Pekín, en las que oficia como cicerone la mismísima Gong Li. Otro tanto ha hecho el templo 'super fashion' de París, la mega boutique Colette, que ahora está reformando su espacio para dotarlo de nuevas tecnologías, al tiempo que va a lanzar su 'e-shop'.
Pero quien se lleva la palma en esto de la adaptación a los nuevos tiempos es la conservadora y prestigiosa casa de joyas Boucheron, que está celebrando en Internet su 150 aniversario con los llamados 'Testimonios preciosos Boucheron', en los que famosos como Inés de la Fressange relatan en video sus 'momentos mágicos' en compañía de tan preciadas joyas. Adaptarse o morir, pero sin perder comba en un mercado de enorme competencia y en una sociedad tecnológica que ha impuesto la democratización de la moda.