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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

violencia contra las mujeres

El hombre se suicidó de un disparo de escopeta delante de la Policía en su chalé de Yecla

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A última hora del jueves, Samuel y Alba, de 4 y 6 años, correteaban por las inmediaciones de la vivienda familiar, un chalé a medio construir en Yecla, apurando un día más de sus largas vacaciones escolares. A la mañana siguiente, sin embargo, los dos hermanos yacían muertos, abrazados, junto al cadáver de su madre, tras ser apuñalados por su propio padre, Juan Pérez Varela. El hombre, de 43 años, llamó después a la Policía y se voló la cabeza con una escopeta ante la mirada estupefacta de los agentes.
Tres días después de la presentación de una nueva campaña de concienciación del Gobierno contra la lacra del maltrato, la testaruda realidad ha vuelto a demostrar que sus mensajes siguen sin calar ante un agresor armado con un cuchillo entre las paredes de su casa. Y como suele suceder en tragedias tan terribles, nadie en la localidad murciana podía encontrar ayer explicación a la violenta reacción de Juan Pérez Varela. Albañil autónomo, el hombre arañaba tiempo de sus horas de trabajo para acabar de terminar el chalé de dos plantas que había comenzado a edificar hacía más de una década para su familia. La mujer no trabajaba y sus jornadas eran comunes a las tantas amas de casa: llevaba los niños al colegio, hacía la compra y las vecinas solían verla haciendo 'jogging' por la mañana y por la tarde. Una familia normal, tranquila, trabajadora. ¿Qué pasó, entonces, por la cabeza de Juan Pérez Varela para acabar con todo? Al parecer, el presunto parricida dejó junto a los cadáveres una nota en la que justificaba su acción por motivos económicos.
Sobre las 9.30 de la mañana, la centralita de la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía recibía una llamada en la que un hombre, que se identificó como Juan, aseguró que acababa de matar a su mujer y a sus dos hijos y que quería entregarse. Una dotación policial y una ambulancia se trasladaron de inmediato hasta la vivienda. Al llegar, les esperaba el hombre con una escopeta entre las manos. De repente, «se le escapó un disparo», explicó el delegado del Gobierno en Murcia, Rafael González Tovar. Los agentes respondieron con una carga intimidatoria al aire y se abalanzaron sobre el parricida, que volvió la escopeta hacia sí y, apoyándola en la barbilla, acabó con su vida de un disparo.
Conmocionados por lo que acababan de presenciar, los policías entraron en la vivienda donde les aguardaba la peor parte del drama. En el suelo, juntos y tapados por una manta empapada de sangre, yacían los cadáveres de los dos pequeños y de su madre, Josefa S.A., de 39 años. A unos metros, los agentes encontraron el arma homicida, un cuchillo de grandes dimensiones.
Según las primeras investigaciones, el hombre mató a su familia mientras dormían. Después, trasladó los cuerpos al vestíbulo de la casa, los arropó con una manta y los colocó de tal manera que parecían abrazados.
El delegado del Gobierno confirmó que no constaba denuncia alguna por malos tratos contra Juan Pérez Valera. De hecho, sus vecinos afirmaron que «jamás» fueron testigos de discusiones y que los cuatro formaban una familia «normal y buena». González Tovar, no obstante, expresó su «repulsa más absoluta ante estos asesinatos porque es intolerable que se siga golpeando de esta manera a personas inocentes e indefensas. Es un acto que debería repugnar a cualquier persona de bien y sobre el que no hay justificación alguna». El alcalde de Yecla, Juan Miguel Benedito, afianzó la posibilidad de que el hombre cometiese el triple parricidio «agobiado por las deudas».
La Herrada del Manco, el enclave donde ocurrieron los hechos, es un paraje con campos de almendros y olivos donde se levantan grandes chalés dispersos, algunos con piscina, al pie de una pequeña sierra. Un bucólico paisaje que ayer se vio invadido por dotaciones policiales y grandes antenas parabólicas de los numerosos medios de comunicación que acudieron a cubrir la noticia. Hasta allí también se desplazó un equipo de psicólogos para atender a la hermana del presunto parricida y a su marido, que viven en el chalé contiguo, así como a otros familiares y vecinos. «Eran muy formales, daban una impresión fabulosa», insistían, incrédulos, sus conocidos.
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