Martinsa-Fadesa, el quinto grupo inmobiliario español está al borde mismo del precipicio, como consecuencia de su enorme endeudamiento, de las reticencias de los bancos a mantener la confianza en la compañía y, en definitiva, de las dificultades para encontrar dinero fresco que consiga mantener la 'bicicleta' en movimiento, en un momento de brusco parón de la venta de pisos.
El presidente y principal accionista de la compañía, el ex presidente del Real Madrid Fernando Martín, pidió ayer una prórroga. o más bien un 'tiempo muerto', para evitar que el árbitro le sacase la 'tarjeta roja'. Se le agotaba el plazo dado por las 45 entidades financieras 'atrapadas' con créditos en la inmobiliaria para cumplir alguna de las principales condiciones que le pusieron el pasado 7 de mayo, como 'llave' para aceptar la renegociación de su descomunal deuda financiera: algo más de 4.100 millones de euros.
Fernando Martín no ha sido capaz de conseguir 150 millones en nuevos créditos, como le habían exigido los bancos. El préstamo, además, debía obtenerse de una entidad financiera ajena a los 45 que ya están 'dentro' y que se niegan a ampliar su crédito. Las negociaciones que la empresa ha mantenido con el ICO con este objetivo no han fructificado y el presidente del grupo ha solicitado a las entidades que le den un nuevo plazo, que expiraría el próximo 7 de agosto. Si no obtiene ese crédito antes de la fecha indicada, la promotora, previsiblemente, estaría condenada a solicitar la apertura de un procedimiento concursal. Sería el más importante de los que se han declarado en España desde que se inició la crisis inmobiliaria.
Las exigencias de la banca a Fernando Martín son, incluso, mayores. Entre ellas, la necesidad de acometer una ampliación de capital antes de que finalice el año, por un importe aproximado a los 350 millones de euros. El objetivo es el de reducir el endiablado endeudamiento que tiene el grupo, que proviene, en su mayor parte, de la absorción de Fadesa por parte de Martinsa. La reciente salida del consejero delegado Carlos Vela, que hace tan sólo unos días aceptó una oferta de Caja Madrid para hacerse cargo de su sociedad de cartera, ya hacía presagiar que las cosas no iban bien.
El reconocimiento público de las dificultades de la compañía -la sociedad se vio obligada ayer a comunicarlo con detalle ante la CNMV- provocó un auténtico pánico bursátil. Así, las acciones de la promotora perdieron ayer un tercio de su valor -cayeron un 33,83% al finalizar la sesión-, lo que sitúa el descenso de la cotización en un 42,6% desde principios de año.