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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

10.07.08 -

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O currió en un periódico inglés que presumía de no haber cometido jamás un error informativo. Pero como nadie es infalible en este mundo, aquel diario se equivocó cierto día al notificar por error el fallecimiento de un respetable ciudadano que, como es de suponer, acudió al periódico a pedir la correspondiente rectificación.
Le recibió muy amablemente el director del rotativo, que fiel a los ancestrales principios de su periódico, no podía admitir que se habían equivocado y como solución para salir de aquel atolladero ofreció al indignado ciudadano, publicar al siguiente día la noticia de su natalicio.
Peor suerte tuvo otro vecino de nuestra villa, cuyo nombre apareció por error en una gacetilla local dando cuenta de que se hallaba en la cárcel por haber robado un colchón. Como es lógico, el hombre acudió a la redacción lógicamente cabreado, para convencer a los periodistas de su error y demostrar con su presencia que no había dado a parar con sus huesos en la cárcel.
El director le dio toda clase de satisfacciones y le prometio publicar una nota de rectificación que apareció al día siguiente con un título que decía así: «Ladrones con suerte».
He recordado estas anécdotas leyendo una curiosa gacetilla de 1884 según la cual, el periódico había publicado el fallecimiento del joven don José María G. La casualidad de que padre e hijo llevasen el mismo nombre (y por supuesto el mismo apellido) fue la causa de este error que se intentó corregir con la gacetilla siguiente. Copio:
«Confesamos que hacemos con placer esta rectificación porque si bien, de todos modos, sentimos la pérdida que ha experimentado la estimable familia a quien nos referimos, no es tan de lamentar la de un anciano de setenta y cinco años, cuya edad era la del señor Gómez padre, como lo hubiera sido la de su señor hijo que dista mucho de llegar a tan avanzada edad y cuyo apoyo necesita aún su digna familia».
Solo les faltó añadir una coletilla diciendo: «El fallecido no ha sido el hijo sino el padre. Menos mal».
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