Las carreteras francesas están bien adornadas: rotondas con jardines, medianas mil, bordillos, rayas de todo color... No son para correr. Abundan los radares, las prohibiciones. Hasta hay siluetas negras de tamaño humano allí donde ha muerto alguien. Estremecen. Y frenan. A cada paso florecen sobre el asfalto los delimitadores reflectantes, esas pequeñas piezas cuadradas y brillantes que marcan intermitentemente el borde del camino. Despiertan a los coches que van dormidos. Y, como ayer en el kilómetro 80, tiran a los ciclistas despistados. Valverde charlaba con Arrieta, viejo colega. Acabó volteado y molido a golpes justo antes de que hoy aparezca la primera montaña del Tour, Super Besse. «Su bici saltó dos metros de altura. Todos pararon porque creían que era grave», cuenta Yvon Ledanois, director del Caisse d'Epargne. Costalada inoportuna. Igual le pasó en 2006. Entonces le costó la retirada. Ayer no, aunque su gemelo derecho tiene un hematoma tremendo. Fibras contracturadas. No le van estas carreteras. Valverde pierde el equilibrio en Francia.
Caída. Grito hacia dentro. Escalofrío y voltereta. Alejandro Valverde no lo vio. A 55 por hora todo pasa tan rápido. Iba en descenso, al tren del pelotón y tras la fuga de Jegou, Vogondy y Brard. En el suelo, agazapado sobre la brea, esperaba el delimitador. De día no es reflectante. Además, se camufló entre las ruedas del grupo. Valverde se trompicó. Botó y su mano se despegó del manillar. Al suelo. Siempre cae del lado derecho. La misma clavícula que en 2006. Aunque esta vez el hueso aguantó. Tiene hábito. No hicieron falta radiografías. Peor es lo del gemelo. Cárdeno. Masticado. Mala pinta.
«Estoy bien. Me duele. Ha sido sólo un susto», dijo al entrar el murciano, remolcado por Luis León Sánchez. Pero iba serio. Empapado en sudor y sangre. Directo en bici al hotel. Sin parar. Preocupado. Con el codo derecho rojo. Y con un consuelo: llegó con el mismo tiempo que el líder Schumacher y que Cavendish, el ganador del sprint en Chateauroux. Pero con un golpe de más que Menchov, Evans, Cunego, Sastre, Kirchen, los Schleck o Samuel. «Es un golpe incómodo. A ver cómo duerme», se dijo Eusebio Unzúe.
Un puerto de segunda
El mánager del Caisse d'Epargne, de Induráin, Arroyo y Delgado, sabe que el Tour va cerrando puertas cada día. Ayer, Valverde esquivó por poco el portazo. Salvó el corte, pero con un palmo de piel en carne viva. Al rojo. Super Besse es un volcán dormido. Sólo un puerto de segunda. Pero un puerto del Tour, la carrera que suele entrar en erupción nada más detonar el botón de la montaña. Una cima para Cunego, y para Valverde si consigue tapar los agujeros de su habitual caída en Francia.
El Tour tira. Ayer se fue a casa Soler, el rey de la montaña de 2007. Con la caída del primer día aún clavada en las dos muñecas. El Tour aplasta. A Vogondy. La escoba del pelotón le barrió a sólo cien metros de Chateauroux. Justó ahí escuchó el crujido de las cadenas. De los velocistas. Kirchen y todo el Columbia impulsaban a Cavendish. De Freire sólo se ocupaba Flecha. Su soledad es otro hábito del Tour, como los patinazos de Valverde. «Limpia el objetivo de la cámara», le dijo Antonio Freire, su hermano, a un fotógrafo en la salida. Era el día. Por la noche iba a firmar el contrato de renovación con el Rabobank. Sus dos años finales. Por la tarde, le tocaba sprint. «He cogido la rueda», explicó. La de Cavendish, el esprinter nuevo. Presente y futuro.
La quinta etapa tuvo un racimo de caídas y cien metros de pasión. Vogondy, solo, ceñido a las vallas, se sintió como una isla. Desbordado por el 'tsunami'. No era su sitio. Pertenecía a Cavendish. Él sí sabe estar rodeado. De rivales y de agua. Es de la Isla de Man. De arriba. Niebla y pasado celta. La suya es la historia de 'Billy Elliot'. Como el protagonista de la película, iba para bailarín. Cavendish, en cambio, dejó las mallas y tiró hacia la mina: al ciclismo. Corredor insular. Siempre en círculo. Por eso empezó en el velódromo: fue campeón del mundo en Los Ángeles.
Ayer, en esos cien metros que ponen las venas a hervir, batió al tricampeón, a Freire. Podrá contarlo en Man. Su isla. Hoy cambia la geografía del Tour: hay que subir el volcán. Con dos piernas. Y Valverde entró ayer con una y media. ¿Con cúantas saldrá hoy?