El pasado 20 de junio, una semana antes de la aprobación de la consulta de Ibarretxe en el Parlamento vasco gracias a un voto de EHAK, su portavoz, Nekane Erauskin ofreció una rueda de prensa en la que criticó duramente la iniciativa del lehendakari y la consideró inútil a la hora de «solucionar el conflicto». Los periodistas le preguntaron si esa declaración llevaba implícito un rechazó al plan. «No tiene por qué entenderse eso», respondió Erauskin, «se puede entender que no y también se puede entender que sí. Cuando tengamos la decisión y la querramos comunicar, la comunicaremos».
Según distintas fuentes consultadas por este periódico, Erauskin estaba revelando en ese momento que, a siete días del pleno, los portavoces de la izquierda abertzale desconocían cuál iba a ser el sentido de su voto. La situación era chocante, pues implicaba que, en un momento en el que la izquierda abertzale tenía en sus manos el futuro del Gobierno vasco -planeaba sobre Ibarretxe la sombra de la dimisión si su plan decaía- o abrir una etapa de confrontación con el Ejecutivo Zapatero, sus dirigentes no sabían qué hacer.
Según expertos de la lucha antiterrorista, EHAK no tomó ninguna decisión y permaneció a la espera de que los 'comisarios políticos' de la izquierda abertzale fueran quienes decidiesen cuál iba a ser el sentido del voto. Así lo hicieron y se lo transmitieron al partido de los comunistas vascos unos días antes del pleno. Según algunas fuentes, el lunes previo al pleno del viernes fue el momento en el que se recibió la consigna de apoyar al lehendakari. Hasta ese momento, sus principales portavoces mantenían una ambigüedad calculada. Según las fuentes consultadas, esta indefinición no fue sólo de cara el exterior. En las asambleas restringidas celebradas hasta ese momento, los simpatizantes de EHAK recibieron el mismo mensaje indefinido en el que cabían todas las posibilidades. Las preguntas directas sobre cuál iba a ser el sentido del voto no obtuvieron ninguna respuesta.
Para entender la situación en la que se tomó la decisión de apoyar al lehendakari es imprescindible tener en cuenta la situación de la izquierda abertzale. Desde octubre de 2007, su mesa nacional está encarcelada y la mayoría de sus apariciones públicas han ido seguidas de operaciones policiales en las que se ha arrestado a los principales responsables. Esa presión les ha sumido en una situación de clandestinidad, en la que todo el poder recae en personas muy concretas -procedentes de Segi y Ekin, los sectores más ortodoxos -, que actúan como dinamizadores por territorios.
EHAK, al igual que los cuadros de ANV, contaba con un antecedente a la hora de extremar las precauciones a la hora de decantarse por una postura sobre el sentido que tendría su voto. En febrero de este año, a apenas tres semanas de las elecciones generales, la izquierda abertzale recibió de improviso la orden de solicitar la abstención, una opción que no había sido utilizada nunca en los diversos comicios celebrados desde la ilegalización de Batasuna ya que siempre habían apostado por el voto nulo. En esta ocasión, las bases de la izquierda abertzale no comprendieron esa apuesta ya que incluso tenían preparado el diseño de las papeletas con las que conseguir el voto nulo.
La decisión no sentó nada bien en algunos sectores de ese mundo, que llegaron a elaborar borradores de crítica contra la apuesta por la abstención. Los militantes entendieron que cuando los miembros de Jarrai y Ekin les transmitieron esa orden, estaban hablando en nombre de ETA. Según interpretaciones realizadas por expertos en la lucha antiterrorista, la banda no quería utilizar el voto nulo, que hubiera permitido contrastar el descenso de apoyos por la ruptura de la tregua, y prefería un mecanismo, la abstención, en el que era posible enmascarar cualquier descenso en el respaldo electoral. Finalmente, la abstención en Euskadi fue un 11% superior a la media.
Según las fuentes consultadas, a la hora de decidir dar su apoyo a la consulta de Ibarretxe, los comisarios políticos de la izquierda abertzale tuvieron en cuenta factores externos e internos. En los externos, el punto clave era la gestión que hiciese el tripartito, que podría no dejarles otra opción que apostar por el no. Dos aspectos claves en este sentido fueron las mociones de censura en los ayuntamientos gobernados por ANV -todas ellas bloqueadas por la postura de nacionalistas y EB-, y el sentido de las preguntas que realizase el lehendakari. Las dos cuestiones no incluyeron ninguna condena a ETA.
En los factores internos, la izquierda abertzale tuvo en cuenta, según varios expertos, que obligar al lehendakari al disolver el Gobierno y adelantar las elecciones les hubiera dejado sin el único gran altavoz político que les queda, el de EHAK en el Parlamento vasco. Según este cálculo, afrontar unos comicios desde la ilegalización les habría limitado su presencia pública a los municipios donde gobierna ANV, con la amenaza, como ha sucedido en el Ayuntamiento de Mondragón, de que sus primeros ediles puedan ser también encarcelados.
Legitimar a ETA
En la parte más política, los expertos no tienen duda de que la izquierda abertzale pretende utilizar el no del Gobierno de Zapatero a la consulta para legitimar las acciones de ETA. Este análisis no es una posibilidad, sino que ya ha comenzado a visualizarse. El 13 de mayo, antes incluso de que se aprobase el plan de Ibarretxe, el portavoz de Batasuna en Francia, Xabi Larralde, declaró como testigo en el juicio contra el ex jefe militar de ETA, Ibón Fernández Iradi, 'Susper'. Cuando el juez le preguntó si el terrorismo de la banda estaba apoyado por la sociedad vasca, Larralde esgrimió el plan soberanista del lehendakari como un ejemplo de que «en el Estado español no hay posibilidad de poner en marcha un procedimiento de consulta sin amenaza de intervención del poder central».
No obstante, diversas fuentes consideran que la apuesta final por apoyar la consulta de Ibarretxe no cuenta con unanimidad entre las bases de la izquierda abertzale. El propio portavoz del PNV en la Cámara vasca, Joseba Egibar, aseguró en el pleno del 27 de junio que el hecho de que EHAK sólo diese uno de sus nueve votos al lehendakari y los otros ocho escaños comunistas se abstuvieran se debía a la contestación interna entre las bases.
Según diversas fuentes, para la izquierda abertzale supone una fuerte contradicción interna el apoyar un plan que ellos mismos han demonizado al considerarlo una añagaza electoral del tripartito, además de censurarlo por no incluir a Navarra. Los expertos creen, no obstante, que al igual que sucedió con el antecedente de la abstención de las elecciones generales, en las que la crítica interna no proliferó al no existir estructuras en las que canalizar el malestar, en esta ocasión va a suceder lo mismo.