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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Mundo

El azote del terrorismo

Un kamikaze causa 41 muertos frente a la Embajada india en el atentado más sangriento desde hace un año

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La insurgencia volvió a golpear en el centro de Kabul. Al menos 41 personas murieron y otras 140 resultaron heridas en un ataque suicida contra la Embajada de India, situada frente al Ministerio de Interior, en pleno centro de la capital afgana. Dos meses después del ataque contra un desfile militar en la misma ciudad y pasados seis meses de la operación contra el hotel Serena, los terroristas vuelven a demostrar a la comunidad internacional y a las fuerzas de seguridad afganas que tiene capacidad para actuar en el corazón del país. Esta vez lo hace además contra uno de los grandes socios económicos del Gobierno de Karzai y que no cuenta con presencia militar en la misión internacional, India.
Pero lo más importante de todo es que el territorio afgano ha tomado el relevo de Irak como escenario de la violencia más cruenta. Si mayo y junio fueron meses en los que los muertos en ataques y atentados en el país asiático superaron a los de la antigua Mesopotamia, julio lleva camino de superar tal infame ranking.
El trágico relato de lo sucedido ayer comenzó a las ocho y media de la mañana cuando un suicida lanzó su coche lleno de explosivos contra la puerta principal de la Embajada india por la que entraban en esos momentos los vehículos de diplomáticos y donde se agolpaban cientos de afganos a la espera de poder solicitar un visado. La puerta quedó destrozada, el muro derrumbado, los coches reducidos a amasijos de hierros y varios de los edificios interiores sufrieron graves desperfectos debido a la violencia de la explosión.
Entre los más de 41 muertos se encuentran un diplomático indio y el agregado militar enviado por Delhi. El terrorista consiguió introducir un vehículo 4x4 lleno de explosivos en la que hasta entonces parecía la calle más vigilada de la capital por la cercanía al edificio de Interior. A las dos horas de la tragedia, un segundo coche explotó en las inmediaciones de la Embajada de EE UU. Saltaron de nuevo todas las alarmas, pero resultó ser un accidente provocado por una bombona de butano.
Los representantes políticos de Kabul, con el presidente Hamid Karzai a la cabeza, condenaron inmediatamente lo sucedido y orientaron una vez más sus sospechas al vecino paquistaní. El portavoz de Interior aseguró que «creemos que el ataque se ha llevado a cabo en coordinación con los activos servicios de inteligencia de la región». Desde Islamabad se apresuraron a censurar la acción y enviar el pésame a las familias de los fallecidos. En medio de la vorágine de declaraciones y acusaciones, un portavoz talibán que se presentó como Zabihullah Mujahed, aseguró vía telefónica que «nosotros no hemos sido».
Los analistas locales rescatan la frase del 'gran juego', acuñada por el escritor británico Rudyard Kipling en su novela 'Kim' para referirse a los intereses de los británicos en el país en aquella época, y que vuelve a tener a Afganistán como el tablero en el que las potencias mundiales y regionales dirimen sus diferencias. Desde Kabul acusan a Islamabad de dar refugio a los talibanes en el norte de su país.
Los paquistaníes, por su parte, sospechan de una India que tras muchos años sin relaciones con Afganistán ahora ha reabierto oficinas consulares en el sur del país, es uno de sus principales socios comerciales y una de las vías de escape para miles de afganos que buscan trabajo en el extranjero. Una India que durante años estuvo vetada por Kabul debido a su apoyo abierto a la invasión soviética y que pese a la mejora de las relaciones con Pakistán, sigue sin firmar la paz definitiva.
Pero todas las especulaciones y declaraciones no ocultan un hecho incuestionable: con el atentado de ayer son ya casi ochocientos los civiles muertos en lo que va de año en Afganistán.
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