La distancia en el ránking se ha acortado más que nunca. Después del triunfo en Wimbledon, Nadal ha superado por primera vez los 6.000 puntos en la lista de la ATP (6.055) y se encuentra muy cerca de Federer, que atesora 6.600. El tercero, el serbio Novak Djokovic, ya queda lejos (4.945). El español nunca había estado tan cerca del suizo. Pero éste inicia ahora la visita a sus áridas tierras: la temporada americana con sus pistas de superficie dura, donde es imbatible.
De cualquier forma, la ventaja de Nadal es que, de los tres, es el que menos puntos tiene que defender (1.030), por lo que es el que puede acumular mayor puntuación a poco que consiga mejorar sus rondas del año pasado. Federer, sin embargo, sumará poco porque ha de defender 3.175 puntos.
El primer paso para preparar bien el asalto ha sido renunciar al torneo de Stuttgart. El motivo es claro. Otros años, el balear ha jugado -y ganado- este torneo, pero a cambio de llegar al circuito americano cansado, con molestias y achaques musculares de todo tipo. Jugar en esa clase de pistas sólo contribuía a empeorar su situación física.
De ahí que este año haya preferido renunciar a los 250 puntos del torneo alemán, enjugados con los logrados en Londres, y con la esperanza de canjearlos en Toronto y Cincinnatti, que serán las citas que darán comienzo a la gira americana.
Eso conlleva además un descanso de dos semanas en Manacor que empezó anoche. Después, el plan es Toronto, Cincinnatti, Juegos Olímpicos y el US Open, que es la piedra angular donde descansan las aspiraciones de Rafa Nadal. El año pasado el balear sólo alcanzó los cuartos de final, apeado por David Ferrer, por lo que si logra ahora las semifinales o lo gana habrá dado un paso de gigante para desbancar a Federer. No en vano son 1.000 puntos los que están en juego.
Sin baile ni cena
Ni que decir tiene que Nadal sigue siendo el líder de la clasificación RACE, que premia al mejor tenista del año, con 955 puntos, lejos del segundo que ahora es Federer, que ha superado a Djokovic. El suizo tiene 685 puntos, 36 más que el serbio. Junto al manacorí, David Ferrer ha subido al número cuatro, desbancando al ruso Nikolay Davydenko. Pero los que más han progresado han sido los 'galácticos'. Fernando Verdasco ya es decimotercero del mundo, mientras que Feliciano López, cuartofinalista en Wimbledon, subió trece posiciones y alcanza el número 22.
Ser famoso y campeón implica que los compromisos no te dejan ni comer, ni cenar, ni bailar, ni nada de nada. Como es tradición en Wimbledon, a la clausura del torneo siguió el llamado 'Baile de Campeones', una recepción a los ganadores del año en sus distintas categorías. También van los directivos jerifaltes y hay discursos, cena y demás, pero no hay baile a pesar del nombre. Mejor, porque aunque Nadal mide 1'87, Venus Williams hubiera sumado el alcance de sus tacones a los 185 centímetros que alberga su espectacular físico.
El caso es que tampoco hubo cena. Bueno, la hubo, pero el español, secuestrado por los medios, llegó al postre. Así que se quedó sin hincar el diente. Cuando se la trajeron tampoco pudo comer porque no paró de hacerse fotos con los camareros, botones y cocineros. La cercanía del campeón.
Wimbledon a cubierto
Por otra parte, aunque Wimbledon se niega a cambiar -vive de su esencia-, no va a tener más remedio que retocar su imagen . Lleva años resistiéndose a techar la pista central, sagrada e inmaculada, pero ahora cederá y el año que viene habrá una cubierta retráctil que cubra la pista.
El problema es que la lluvia amenaza continuamente al torneo, que pierde grandes cantidades de dinero por los partidos suspendidos. Hay días en los que se acumulan partidos a todas horas, tenistas que juegan tres partidos en tres días y todo se convierte en un caos. Sin ir más lejos, la final entre Nadal y Federer estuvo a punto de pasar al siguiente día a poco que el suizo hubiese aguantado unos minutos su servicio. Se iba la luz, no tanto por lo largo del partido como por las suspensiones que sufrió por la lluvia.
Un equipo de arquitectos ya está trabajando en una cubierta corrediza que se cerrará en diez minutos y que no supondrá un problema para las bolas altas, ya que alcanzará una elevación del suelo de diecisete metros, ocho más que el mínimo exigido por el reglamento.