Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Más deporte

MAS DEPORTE

Federer alaba a Nadal e insiste en queWimbledon «es mi torneo favorito»
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
«Lo intenté, pero tenía delante a un campeón»
Durante el partido contra Rafael Nadal, Roger Federer acumuló un total de 25 puntos de saque directo. Con los que venía arrastrando de anteriores partidos contabiliza nada menos que 109, toda una marca llamativa, que pone de manifiesto el dominio que el 'caballero' suizo tiene de esta importante arma. Pero no le bastó para doblegar al vendaval de Manacor, incansable, con los dientes prietos, consciente de que era o ayer o nunca. «Lo intenté todo pero delante tenía a un campeón», confesó el helvético, un señor tanto en las victorias como en las derrotas.
Que el partido fue una demostración de poderío por parte de los dos protagonistas lo revela el hecho de que Nadal logró 60 golpes ganadores y Federer conectó un total de 89. En errores no forzados, el español cometió 27 y el suizo se fue hasta los 52. Los guarismos de las estadísticas, que no entienden de fe, de las ganas de ser el mejor. Con el triunfo de ayer, el manacorí se ha convertido en el segundo jugador español que consigue proclamarse campeón en Wimbledon. El anterior fue Manolo Santana, hace la friolera de 42 años.
Después de perder tras casi cinco horas de tenis espectacular, el suizo mantuvo la compustura e incluso regaló alguna que otra sonrisa a la grada. Saludó a los suyos, acomodados en uno de los palcos de la pista central, y recordó que Wimbledon sigue siendo «mi torneo favorito. Es fantástico jugar aquí aunque no gane», se sinceró. A pesar de la derrota sigue siendo el número uno, aunque su reinado se tambalea con los embistes del 'toro' español. Nadal ya tiene la vista puesta en el Abierto de Estados Unidos, otra superficie rápida, para iniciar el asalto al cajón reservado para las glorias.
Derrotado en su terreno
El hecho de que Federer haya perdido ayer en Wimbledon, tras encadenar 64 victorias consecutivas sobre la hierba, encierra un golpe anímico que puede mermar la confianza del suizo. Tras perder contra Rafa Nadal la final de Roland Garros, cuarto trofeo para las vitrinas del español, la cita londinense se convirtió en una especie de barómetro que calibraría las prestaciones futuras del maestro suizo. Estaba de vuelta en su terreno, en su superficie, verde esperanza, y parecía que nadie podía contrarrestar su tenis mágico en las canchas londinenses. Llegó como una cohete a la final, y ahí se estrelló contra la roca de Manacor.
Federer arrancó de modo inusual. El ganador de los últimos cinco Wimbledon levantó la vista y miró al marcador. Había perdido los primeros sets. Ningún gesto raro, nunguna mueca de disconformidad. La mente de un robot. Hielo en las venas y veneno en la mirada. Apretó los dientes e inició la remontada. Nadal pudo sentenciarle en la tercera manga, por la vía rápida, pero el reloj del suizo todavía no estaba dispuesto a parar. El tenista español perdonó dos bolas de partido y el helvético acabó ganado por 7-6, en el 'tie-break'.
La lluvia, un incordio constante, las mandó a los vestuarios en un par de ocasiones aunque no logró aguar la fiesta. En el cuarto set Federer prosiguió con su escalada, cada vez más metido en la pista, y de nuevo golpeó con autoridad en la muerte súbita. El marcador reflejaba un empate a dos y comenzaba un nuevo partido.
Tras completar una remontada semejante, cualquier otro rival se hubiera venido abajo. Pero la rendición no está en el vocabulario de Federer. El suizo empezó a animarse con discretos gritos de «'¡Come on!'», mientras el eco le devolvía un «¡Vamos!» desde el otro lado de la pista. El número uno del mundo desplegó su mejor tenis, sus mejores golpes, la fantasía de un ganador nato, pero jugaba contra un frontón. Lo repitió de nuevo: «Lo intenté todo, pero tenía delante a un campeón». Perdió y se sentó en la silla. Miró arriba, al cielo, pero no halló consuelo.
Vocento
SarenetRSS