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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

ECONOMÍA

Aunque en China los conductores de automóviles casi no conocen el gasóleo, el país asiático sufre un gran déficit de este tipo de combustible

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El gigante se queda sin diésel
En China sólo uno de cada tres vehículos privados es propulsado por un motor diesel. / ZIGOR ALDAMA
Lamborghini, Rolls Royce, Ferrari, Bugati, Porsche, BMW, Mercedes, Cadillac. Sin duda, la oferta automovilística de Shanghai es variada. Pero quizá no apta para bolsillos con poco fondo. Lo mismo sucede en el resto de las grandes ciudades chinas, donde las marcas de coches de lujo se frotan las manos. El auge económico del país ha creado una gran masa de nuevos ricos ávidos de hacer relinchar muchos 'caballos' y mostrar el mayor número de cilindros posible en motores capaces de mover un trasatlántico. Todo ello con gasolina, por supuesto.
El propietario de un Audi A-8 4.2 resume en una frase una de las razones por las que sólo un tercio de los vehículos privados de China consumen diésel, y por qué la demanda de gasolina crece a un espectacular 4% anual (todavía menos de la mitad del crecimiento económico), hasta los 52,5 millones de toneladas: «el gasóleo es lo que utilizan los camiones, los barcos y los trenes, no los coches».
Escasez extrema
Pese a esa falta de uso, el gigante asiático sufre actualmente un grave déficit de diésel que tiene secas las gasolineras. «Es casi imposible llenar el depósito», se queja un conductor de Kunshan. «Hay que dejar un buen margen en el tanque porque es necesario visitar varias estaciones de servicio para abastecerse». Y todo hace pensar que la situación va a empeorar.
Las raíces de este problema se encuentran en la escasa producción de gasóleo del país y en su mala calidad. Esas dos circunstancias han llevado al Gobierno a reconocer que China no está preparada para introducir de forma masiva este combustible en sus medios de transporte. Tal y como explica a EL CORREO José Manuel Silva Rodríguez, director general de Investigación de la Unión Europea, ello «podría reducir las emisiones de CO2 en un porcentaje del 20%».
Pero para lograr el objetivo de que el gasóleo se convierta en un combustible generalizado, apunta Hiroyuki Watanabe, director de I+D de Toyota, la calidad del diésel en China tiene que mejorar sustancialmente. De lo contrario, los motores se dañan rápidamente y emiten otras sustancias tóxicas «que pueden ser incluso peores que el CO2». No hay más que seguir la estela negra que deja a su paso la mayoría de camiones azules del país para darse cuenta de que todavía están muy lejos de algo parecido a una combustión limpia. China ya es el segundo contaminante mundial y Naciones Unidas proyecta que superará a Estados Unidos en 2015.
Cinco años antes de esa fecha, según el Gobierno chino, el gigante asiático consumirá más de 140 millones de toneladas de gasóleo, sobre todo para transporte pesado, ferrocarriles y navíos. Demasiado. Tanto que con los 116 millones de toneladas que espera utilizar este año ya tiene graves problemas para abastecer a los vehículos y la maquinaria para recolectar la cosecha de cereal que se avecina. Y esa no es una cuestión liviana. E l propio presidente del país, Hu Jintao, ha ordenado a las petroleras del país, sobre todo Petrochina y Sinopec, que garanticen el suministro para la cosecha estival. Agricultores y pescadores han recibido cartillas que pretenden controlar el uso del gasóleo y, a su vez, garantizar que no falte el mínimo requerido para llevar a cabo el trabajo. Tampoco puede faltar combustible durante los Juegos Olímpicos.
Pero las empresas petrolíferas no parecen por la labor. El refino del diésel no les sale a cuenta. El Gobierno subvenciona los combustibles, un hecho que le cuesta en torno al 1% del PIB, y provoca pérdidas en las compañías, cuyo margen es superior en el caso del tratamiento de la gasolina y el queroseno.
Más carbón
Por su parte, el carbón también trae a las autoridades chinas por la calle de la amargura. Las nevadas que cubrieron de blanco el país a primeros de año dejaron al descubierto la tremenda dependencia energética del mineral, y ahora, con la llegada del verano y los Juegos, se esperan nuevos récords de uso energético. De momento, el Gobierno ya ha asegurado el suministro eléctrico a las ciudades olímpicas y ha pedido a todas las compañías mineras que trabajen al tope de sus posibilidades para evitar un apagón en plena Olimpiada.
Este año, China, por lo visto ajena a la crisis que azota a los países desarrollados, prevé un crecimiento económico en torno al 10%. La pregunta está en si será por encima o por debajo, y si el país será capaz de dar respuesta al aumento de la demanda energética necesario para sostenerlo. De momento, el diésel escasea, y no parece que la situación vaya a mejorar a corto plazo. Por otro lado, si la venta de automóviles con cientos de 'caballos' desbocados continúa al ritmo actual, no sería raro que la gasolina también se convirtiera en un bien preciado.
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