A día de hoy, un dólar equivale a 1,57 euros. El cambio entre ambas divisas condiciona la vida cotidiana tanto de un vecino del barrio de Adurza como de un ejecutivo de Wall Street. Y de paso, también se convierte en un factor que permite refrenar ciertas tendencias en el mercado baloncestístico. La actual pujanza de la moneda europea respecto a la estadounidense ha permitido contener la voracidad de la NBA a la hora de esquilmar los mejores productos que brillan en las canchas del otro lado del Atlántico. Eso no quiere decir que el trasvase no vaya a continuar. Al menos, las franquicias se lo piensan dos veces a la hora de permitirse alegrías. ¿Por qué? Las cuentas no les salen.
El ejemplo más cercano puede encontrarse en la decisión de Tiago Splitter de posponer su marcha a los Spurs. Su posición en el 'draft' de la pasada campaña impedía a San Antonio superar los 782.000 dólares de sueldo en el pri mer año. Al cambio actual, la cifra no hubiera superado el medio millón de euros. Hoy, Splitter es uno de los pívots mejor pagados de Europa con su nuevo contrato. Tras conocer la renovación del hispano-brasileño por el Baskonia, el técnico de los Spurs, Greg Popovic, no pudo ser más claro. «Con esas cifras, hubiera sido de idiotas venir con nosotros».
Si los Spurs deben ser pacientes, tres cuartos de lo mismo han de hacer los Phoenix Suns respecto a Goran Dragic. La euforia inicial tras hacerse con los derechos del base azulgrana en el último 'draft' celebrado la semana pasada llevó al manager general del equipo de Arizona, Steve Kerr, a proclamar su incorporación inmediata.
«Un montón de dinero»
Tuvo que ser su colega en el departamento de operaciones, David Griffin, quien le devolviera a la realidad ante la perspectiva de tener que abonar al Baskonia una rescisión de 1 millón de euros cuando una franquicia de la NBA sólo puede pagar 500.000 dólares en un traspaso. «Es un montón de dinero y el cambio de moneda no ayuda nada. Quizás el año que viene», se resignó Griffin. Frases casi idénticas se han escuchado desde las altas instancias de los Minnesota Timberwolves tras elegir en el 'draft' a Nikola Pekovic, que ganará cerca de 1,5 millones en el Panathinaikos. «En dólar es ahora débil en el mercado europeo. Su sueldo en Grecia equivale a casi 2,8 millones de dólares», calculaba el manager general Jim Stack tras desestimar el salto del poste balcánico a Minnesota.
La debilidad actual del dólar es un balón de oxígeno para el baloncesto europeo, que puede ser más competitivo incluso a la hora de contratar jugadores estadounidenses, que habitualmente creen en su moneda como en la bandera de barras y estrellas. «El jugador americano siempre quiere cobrar el dólares, pero más de uno comienza a pedir euros», asegura un agente. Si la NBA aprieta menos, desde el Este llega otro factor de inquietud; la proliferación del 'modelo Abramovich' en el baloncesto ruso, donde el CSKA sólo es la punta del Iceberg. Si Darius Lavrinovic plantó al Barça por el Dinamo Moscú no fue el clima. Y comienzan a ser multitud los jugadores de calidad que ven con buenos ojos vivir un par de añitos bajo cero para embolsarse sueldos desorbitados.