Desde 30 céntimos de diferencia en un café cortado o en una caña hasta 50 en un plato de aceitunas. Sentarse a tomar el aperitivo en cualquier velador de una cafetería con servicio de terraza tiene su precio extra. ¿Cuál? EL CORREO ha comparado los precios de seis consumiciones -una caña, un refresco, una copa de vino blanco, un paquete de patatas fritas, un plato de aceitunas y un café cortado- en una veintena de bares de diferentes zonas de la ciudad y la conclusión es demoledora: el aperitivo completo puede llegar a variar hasta un 60% según el establecimiento y el barrio en el que se tome.
Los precios más económicos en la lista de los locales con servicio de terraza los ofrece el bar Heraclio Fournier, en Adurza, donde la cuenta total apenas supera los 7 euros. Los más caros, en cambio, se encuentran en el centro. En concreto, en la cafetería Plaza, en la plaza de España, y en Río, en plena calle Dato. Tanto en el uno como en el otro, las mismas seis consumiciones no bajan de los once euros y medio, es decir, un 60% más.
«Aunque prestamos un servicio de terraza, no lo cobramos. La crisis se está notando y, si encareciéramos los precios, los clientes se irían a otro sitio. Es una forma de captar clientela o de mantener, al menos, la que ya tenemos», explica Greskellys Márquez, del bar Heraclio Fournier. Los siete veladores que tiene instalados en la acera no hacen necesaria la contratación de más personal así que, de esta manera, sus propietarios consiguen contener los precios sin perder su margen de beneficios.
Mesa y 4 sillas, 500 euros
En el centro, sin embargo, esta política es «inviable», según los propios hosteleros. Y es que, en bares como el Victoria, con decenas de veladores en la plaza de España y en la Virgen Blanca, no sólo es necesario contratar a personal específico para atender a los clientes que se sientan al aire libre, sino que «ni el tipo de terraza ni lo que se paga por ella se pueden comparar a las de otros barrios» de la ciudad.
Las mesas y las sillas no publicitan ni refrescos ni bebidas alcohólicas. Cada juego le supone al hostelero un desembolso de unos «500 euros» y, además, el precio por cada velador en la categoría 1 -donde se incluyen barrios y calles como el Ensache, Desamparados, Aranzabal o la Avenida de Gasteiz- es 20 euros superior al de la categoría 2, que engloba a las zonas de la periferia.
Pese a todo, la diferencia de precios entre bares del primer grupo sigue siendo sustancial. «Algunos hosteleros del centro se pasan. Cobrar 1,70 euros por un cortado me parece una exageración», censura Mikel Fiestras, del restaurante La Huerta, en la calle Dato. Él cobra 2,10 euros por una caña, 1,10 por una copa de vino blanco y 1,40 por un paquete de patatas fritas. Entre 40 y 60 céntimos menos por consumición de lo que piden en la cafetería Río, una de las terrazas con más solera de la capital alavesa.
Más ajustados son también los precios que se manejan en la Avenida de Gasteiz. En la cafetería El Principal, por ejemplo, el plato de aceitunas, una ración pequeña, eso sí, «no se cobra», por lo que el aperitivo completo no sobrepasa los 7,70 euros. Poco menos que en sus vecinos de calle, el Aitzgorri y el Goliat, donde las seis consumiciones rondan los nueve euros.
Terrazas sin servicio
El incremento de precios que conlleva el servicio de terraza -el cliente debe abonar por consumición un suplemento que oscila entre los 30 y los 50 céntimos y el hostelero se ve obligado a reforzar su plantilla para atender los veladores- ha hecho que en muchos bares de la capital se opte por una vía intermedia. La de instalar veladores sin ofrecer, ni por lo tanto cobrar, un servicio específico de terraza.
Ésta es la política que se sigue en barrios como Lakua, Ariznavarra o Aranzábal, donde tomarse una caña o un refresco al aire libre cuesta lo mismo que hacerlo en la barra. Con el inconveniente, eso sí, de que es el propio cliente el que debe pedir y sacarse, él mismo, la consumición a la calle.
«Yo pongo las mesas, pero no damos el servicio. El que quiera puede pedir en barra y sentarse después en la terraza. Y, la verdad, los jóvenes prefieren hacerlo ellos mismos a tener que pagar más», apuntan en el bar Caledonia, en la calle Bayona de Lakua.
En el café Iratxo de la calle Heraclio Fournier, en Adurza, el análisis es el mismo. «Estamos una o dos personas en la barra y si tuviéramos que atender fuera cuando el bar está lleno nos volveríamos locos». El cliente pide, paga y se sienta en la terraza. Por el mismo precio. Pero ningún camarero le llevará el periódico, la sacarina que se olvidó pedir o el vaso de agua.